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20 de abril de 2010

El primer escritor americano, Mark Twain II

Mark Twain
Manuscrito de 'Las aventuras de Huckleberry Finn', novela considerada la obra maestra de Twain.

El primer escritor americano

por VIRGINIA HERNÁNDEZ
Para muchos Mark Twain es sinónimo de novelas juveniles y largas tardes de agosto, pero lo cierto es que el escritor de Misuri está considerado uno de los más importantes de la literatura estadounidense. Twain, seudónimo de Samuel L. Clemens (1835-1910), ya fue popular cuando estaba vivo (algo que entonces experimentaban muy pocos) y supo retratar —y criticar— como nadie las injusticias de su época y de su tierra, el sur de EEUU: el racismo, la segregación, el maltrato, el odio, los excesos…
El autor, considerado el Charles Dickens del nuevo mundo, fue maestro de maestros. Buena prueba de ello son los elogios de escritores que supusieron tanto para el siglo XX como William Faulkner, Norman Mailer o Ernest Hemingway. «Fue el primer escritor verdaderamente americano y todos nosotros somos sus herederos», dijo el autor de 'Luz de agosto' o 'Mientras agonizo', sureño como Twain y tan curtido como reportero como lo estuvo su antecesor. Para Mailer «la prueba de lo buena que es 'Huckleberry Finn' es que puede ser comparada con las mejores novelas modernas». Algo que compartió el escritor de '¿Por quién doblan las campanas?': «Toda la literatura moderna americana procede de un sólo libro de Mark Twain titulado 'Huckleberry Finn'. Todos los textos estadounidenses proceden de este libro. No hubo nada antes. No ha habido algo tan bueno desde entonces».
Aunque con su habitual ironía, Twain aseguró que «un clásico es alguien a quien todo el mundo querría haber leído pero que nadie quiere leer», Huckleberry, el espíritu libre que acompañó a Tom Sawyer y ayudó a escapar al negro Jim, nos muestra las miserias humanas sin reparar en remilgos absurdos. Aunque acaben en la moraleja que la conciencia de Twain imprimió a su vida. Sus personajes no tienen la misión divina de buscar la justicia y seguir el camino recto; son criaturas y por ello sienten envidia, ira y quieren, como fin último, salvar su cuello. Así lo expresó en 'Los inocentes en el extranjero', el libro de viajes que salió de su periplo por Europa y los territorios palestinos: «Y así va el mundo. Hay veces que deseo que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco». No confía en los humanos, pero espera poder hacerlo.
Sus vivencias marcaron sus escritos. La infancia de niño enfermo y la pérdida de su padre labró sus inicios. Su trabajo como práctico de un vapor del Misisipí, su labor como reportero del periódico de su hermano, la Guerra de Secesión, los éxitos, sus viajes, la pérdida de su esposa y de tres de su cuatro hijos, su riqueza y su ruina. Un recorrido vital que fue afianzando su vena más sarcástica y que rozó con la amargura. Su legado más ácido llegó después de su muerte. Los albaceas publicaron de forma póstuma su autobiografía y los textos más críticos que muestran su tormento: hasta 1946 no vieron la luz 'Cartas desde la Tierra', en las que el propio Satanás se plantea la relación entre Dios y los hombres. «Ellos rezan por ayuda y favor y protección cada día; y lo hacen con confianza a pesar de que ninguna oración ha sido jamás contestada». 

El viajero del Misisipí: Mark Twain

por RAQUEL QUÍLEZ
Twain, junto a su esposa Olivia Langdon y sus tres hijas, a la entrada de su casa de Hartford. | AP
Fue Samuel Langhorne Clemens hasta los 28 años, cuando se entregó de lleno a la pluma. Mark Twain fue el pseudónimo erigido a modo de barrera entre una vida intensa antes y después. Aderezada siempre con ironía, marca de la casa. «Dentro de 20 años estarás más decepcionado por lo que no hiciste que por lo que hiciste», dijo. Y se aplicó con rigor la premisa.
Se cumplen ahora 100 años de la muerte del genial escritor que nació el 30 de noviembre de 1835 en Florida (Misuri), donde sus padres habían emigrado para estar cerca del 'tío John', un próspero comerciante dueño de una granja y unos 20 esclavos negros. También su padre se dedicó a la tierra, actividad muy lucrativa en un país en plena efervescencia expansionista. Eran los años de las grandes plantaciones de algodón, de los desgarradores cánticos de lamento... Y todo quedó plasmado en sus obras.
A los cuatro años, su familia se trasladó a Hannibal, pueblo ribereño del Misisipí que sirvió de inspiración para el San Petersburgo de Sawyer y Huckleberry Finn, sus grandes creaciones. Twain siempre bebió de su experiencia. A los 12 años quedó huérfano de padre, dejó los estudios y se empleó como aprendiz de tipógrafo. Así empezó a familiarizarse con las letras y pronto llegaron las primeras colaboraciones en redacciones de Filadelfia y Saint Louis. Pero el cuerpo le pedía cambios y pasados los 18 años decidió iniciar sus viajes en busca de fortuna. Fue piloto de un vapor fluvial —la actividad, confesó, que más feliz le hizo en su vida—, inspeccionó minas de plata, fue buscador de oro... Eran los años de la conquista del Oeste. Se habían descubierto metales preciosos en California y el país entero cambió su eje en busca de suerte. Pero, uno a uno, sus sueños se fueron frustrando: la Guerra de Secesión de 1861 interrumpió el tráfico fluvial, las minas de Nevada resultaron demasiado duras, y el oro tampoco apareció como esperaba.

La tabla de salvación de la literatura

La pluma se convirtió en el modo más realista de ganarse la vida. Trabajó como periodista en varias cabeceras y le dio a la ficción hasta que en 1865, año en que termina la guerra salvando la unidad del país, le llegó su primer éxito: 'La famosa rana saltarina de Calaveras'. Lo firmaba Mark Twain, expresión del Misisipí que significa dos brazas de profundidad, el calado mínimo para navegar. Empezó entonces una etapa de continuos viajes como periodista y conferenciante que le llevaron a Polinesia, Europa y el cercano Oriente. Y también los inmortalizó en libros: 'Los inocentes en el extranjero' (1869) y 'A la brega' (1872), en el que recrea sus aventuras por el Oeste.
Tras casarse en 1870 con Olivia Langdon, hija de un capitalista muy activo en la lucha antiesclavista, se estableció en Connecticut. Se acabó la vida de nómada y comenzó la crítica social denunciando la corrupción política o las ansias por enriquecerse a cualquier precio. Seis años más tarde publicó su primera gran novela, 'Las aventuras de Tom Sawyer' (1876), basada en su infancia. Después llegaron las de Huckleberry Finn (1884), también ambientadas en el ribera del gran río, aunque menos autobiográficas. Y de nuevo sus propios pasos en 'Vida en el Mississippi' (1883), sobre su añorada etapa como piloto fluvial.
Las cosas le iban bien, incluso crea en 1884 su propia editora, la Charles L. Webster and Company. Pero, poco a poco, la vida empieza a torcerse. Y la amargura invade sus páginas. En 1893 invierte en un nuevo tipo de máquina que mecanizaba el proceso de composición de texto, la linotipia Paige, y pierde mucho dinero, por lo que debe mudarse a Europa y recorrer el mundo como conferenciante para recuperarse. Dos de sus hijas mueren, por meningitis y epilepsia, y su mujer enferma y también pierde la vida. Esos últimos años no fueron fáciles para Twain. Ya en 'El forastero misterioso' (novela póstuma publicada en 1916) afirma que se siente como un visitante sobrenatural, llegado con el cometa Halley y dispuesto a abandonar la Tierra con la siguiente reaparición del astro, que ponía fin a su ciclo de 79 años. Y fue así como sucedió.
Falleció el 21 de abril de 1910 en Redding (Connecticut) , pero incluso con su muerte tuvo que recurrir a la ironía. Y es que el New York Journal se adelantó y en 1897 ya publicó su deceso. Letal error al que Twain respondió con una carta al director: «James Ross Clemens, un primo mío, estuvo seriamente enfermo en Londres hace dos semanas. La noticia de mi enfermedad derivó de la enfermedad de mi primo; la noticia de mi muerte fue sin duda una exageración», decía. Escéptico, solía afirmar: «Y así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco». Y así lo vivió él. Genio y figura hasta en la muerte.

24 de enero de 2010

Dictadura y caricatura, riman pero no conjugan

[foto de la noticia]
Ese día, los lectores que con múltiples precauciones paraban en el quiosco a comprar la revista Humor, retrocedieron espantados. Era el 12 de diciembre de 1979, estaban en plena dictadura y en la tapa de la revista aparecía la caricatura de un tipo de cara alargada, rasgos ascéticos, medios aindiados y el pelo aplastado con gomina.
Aquel no podía ser otro que Jorge Rafael Videla, el jefe de la Junta Militar, sujeto siniestro donde los hubiera. Habían transcurrido tres años desde el comienzo del Proceso de Reorganización Nacional (PRN) con que los generales pusieron fin a la endeble democracia e instauraron su régimen de terror. La gente ya tenía conocimiento del secuestro y desaparición de miles de ciudadanos.
Hacia falta valor para comprar una revista con veladas críticas –pero críticas al fin- a la gestión económica del gobierno de facto. Pero había que ser un suicida para publicar un número satirizando con el pincel a Videla y estar demente para comprarlo.
Y sin embargo aquella edición tuvo una tirada cercana a los 250 ejemplares. Hasta el día de hoy, los historiadores indagan como fue que esos generales, tremendamente susceptibles, toleraron que Andrés Cascioli, editor y dibujante, los retratara con narizotas, cejas de ogro, ojos desorbitados.

El primer número de Humor salió en 1978

El primer número de Humor salió en 1978, como un proyecto en el que participaban escritores y columnistas desafectos de la dictadura, como Osvaldo Soriano, Aída Bortnik y muchos otros. Lanzarlo ese año no fue una decisión al azar: en Argentina se disputaba el Mundial de Fútbol y la represión había aflojado un poco.
El motor de la revista eran las portadas de Cascioli y las tiras de Grondona White, Meiji, Tabaré, Tomás Sanz , Trillo y otros. Algunas como Vida Interior, El Doctor Cureta o Las Puertitas del Señor López se convirtieron en clásicos del género. Pero digamos que la guinda de aquella tarta eran las portadas.
Cascioli tanteó el terreno caricaturizando primero a los funcionarios civiles del régimen, sobre todo al ministro de Economía, Martínez de la Hoz a quien le sacó mucho partido gracias a sus orejas de murciélago. Luego se atrevió con los uniformados: el general Viola luchando contra los tiburones de la inflación, el almirante Massera abandonando el barco en que se hundían sus colegas, en una lancha de rescate y por último, ya en el ocaso del régimen, Fortunato Galtieri, artífice del desastre de la Guerra de las Malvinas , con el atuendo de un gladiador.
Con el retorno de la democracia, en 1983, Humor perdió su razón de ser, habiendo cumplido con la misión de entretener a los argentinos en una época en que pocos sonreían.

La revista Satiricón

La revista Satiricón, otro muestrario del arte de la caricatura, fue la precursora de Humor y aunque surgió en noviembre de 1972, cuando aún se respetaba –al menos en teoría- la libertad de expresión, fue mucho más censurada que su sucesora. El caudillo Juan Domingo Perón era de uno de esos narcisistas que se miran en las ventanillas de los autos y que lo dibujaran con una cabezota desproporcionada constituía para él un acto de leso patriotismo.
A su viuda y sucesora en el poder, Isabel Martínez tampoco le gustaba que se mofaran de su extremada delgadez y de su peinado como esculpido en la roca. Así como Humor floreció bajo la dictadura, Satiricón se replegó. Sus talleres cerraron en 1976, poco después del golpe militar y reabrieron en el 2004 cuando ese género de publicaciones había perdido su atractivo.

Más conocido bajo el seudónimo de Oski

Una de los astros fugaces de Satiricón fue Oscar Conti más conocido bajo el seudónimo de Oski, que adoptó porque al principio se avergonzaba de publicar caricaturas en vez de óleos, él que había estudiado en la Escuela Nacional de Bellas Artes (Argentina). Más tarde el dibujante y los críticos descubrieron que la caricatura también puede ser un arte, donde se ven reflejadas las virtudes y las taras de una sociedad. Nadie con edad suficiente olvida a esos personajes con ojos de huevo y piernas escuálidas, eternamente serios o perplejos.
Nacido en 1914, Oski saltó a la fama ilustrando los deliciosos textos de César Bruto en la revista Rico Tipo. Oski sentía verdadera pasión por la Historia y sus textos ilustrados, Vera Historia de las Indias (1958) o Vera Historia del Deporte (1973) son exhibidas hasta hoy en los museos.
Oscar Conti colaboró con publicaciones de izquierda como L’Unita y Paese Sera; vivió un tiempo en Cuba, después de la revolución y en Chile bajo el gobierno de la Unidad Popular. Luego trabajó para la Editorial Lumen, en Barcelona.
Había jurado no pisar su tierra natal mientras persistiera la Dictadura, pero carcomido por el cáncer y sin un peso en el bolsillo regresó a Buenos Aires, donde falleció en 1979, en la cama de un hospital.

27 de noviembre de 2009

Mariano José De Larra

[foto de la noticia]
En su último año de vida Fígaro, pseudónimo de Larra, pasa de su desapego de sátiro cerebral a la elegía, a la pesadumbre. Muchos ven en los suicidas un curso vocacional de extinción propia, y en su final una acusación generacional e icónica. Larra, como Nerval, se zambulló con 28 años en la boca negra de una pistola de avancarga. "El número 24 me es fatal: si tuviera que probarlo diría que en día 24 nací", dice en 'La Noche buena de 1836'. Un mes antes encuentra que Madrid es un gran sepulcro, adelantándose acaso al millón de cadáveres de Dámaso Alonso.
Y en 'Horas de invierno': "Escribir en Madrid es tomar una apuntación, es escribir un libro de memorias, es realizar un monólogo desesperante y triste para uno solo. Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla...". Cátedra ha dedicado un cofre de dos exhaustivos volúmenes de su Bibliotheca Avrea a sus Obras Completas, con un vientre caudal de memorialismo puro, con esa exégesis de fatalidad que impone la literatura del suicida.
Se trata de la edición más completa del autor. Con su obra no se puede pedir una integridad absoluta, pues muchos de sus artículos anónimos, son inencontrables. El primero de estos sillares de pesada mampostería editorial de Avrea está dedicado a los artículos. Joan Estruch, introductor, lo dice muy claro: "Su gran capacidad para la crítica social contrasta con la pobreza de su poesía sentimental y con la escasa complejidad de sus personajes de ficción".
Su drama 'Macías y su novela 'El doncel de don Enrique el Doliente', tienen un adulterio cortesano, y puede obviarse la trasposición de Dolores de Armijo con la ficticia Elvira. Sus cartas privadas tienen algo de interés para seguir otros derroteros escritos el personaje (porque de Larra importa quizá sobre todo su personaje, su distancia, su desarraigo). Escribe a sus padres desde el extranjero. Prefiere Londres a París, claro que era el París de antes de Haussmann. En ese tiempo de viaje, el célebre crítico teatral se pierde el estreno de 'Don Álvaro o la fuerza del sino'.
Retrato del escritor Mariano José de LarraRetrato del escritor Mariano José de Larra
Como comprobará el curioso, Mariano José de Larra ocupó sobre todo su prosa del día con los espectáculos y la estética. Con la promoción de la novedad de lo de fuera y los bochornos de propuestas más catetas. En sus años fecundos, entre 1833 y 1835 (años de su último nombre, Fígaro), de 170 artículos que escribió, sólo 70 hacían costumbrismo, o ponderaban la oscilante política nacional.
Y el osciló con ella en vida. Pasó del colegio francés de Burdeos a ser partidario del absolutismo fernandino. Con 16 años entró como escribiente en la Junta Reservada de Estado, un organismo que coordinaba la represión contra sociedades secretas y masones. Y sólo por sus contactos y compromiso con la corte consiguió sacar su cuadernillo 'El duende satírico del día', en tiempos de álgida censura. Alaba al gobierno y escribe una oda por el cuarto matrimonio del rey felón, "tú eres rey de paz", le dice entre florilegios.

Fígaro, liberal moderado

En todo caso, sus primeros clásicos llegan después, cuando pasa a ser "El pobrecito hablador" (escribe 'Casarse pronto y mal', 'El castellano viejo', 'Vuelva usted mañana'). De ahí salta a La Revista Española, se convierte en Fígaro. Ganaría 40.000 reales al año (el periodista mejor pagado). Por entonces ya era un liberal moderado, y un dandy. Se mofaba de la vestimenta desfasada de los carlistas (léase 'El hombre menguado').
[foto de la noticia]
Pero Larra queda con el madrileñismo. Con los calaveras que disparan con cerbatana como amazónicos de Montera, con el "castellano viejo". Las mascaradas, las tipologías de la calleja, sus aprensiones y su sarcasmo, el verbo satírico y latino que le asiste (le llamaban Juvenal)... Apuntaló la anatomía de la columna, dignificó el anatema a base de hacerse mala sangre de risa para adentro. Ataca desde su atalaya de bajito misántropo a los funcionarios negligentes, a los policías, a los reglamentos de censura. Ironiza Fígaro: "el hombre ha de ser dócil y sumiso".
Umbral escribe en su monográfico sobre el autor que se adelanta a Camus en sus escritos sobre la pena de muerte, y que es heredero de Baudelaire por dandy y de Quevedo por genio español. Después del levantamiento de La Granja, la existencia se le hizo demasiado inhospitalaria, afanosa de malas circunstancias. Y así, el oropel de sangre romántica. Con esto Buero Vallejo hizo teatro, 'La detonación'.

’Obras Completas I y II’, de Mariano José de Larra. Cátedra, Bibliotheca Avrea, 2009. 1214 y 1199 páginas. 83 euros.

21 de noviembre de 2009

'El cónsul de Sodoma'

El poeta y la nalga del filipino

Jaime Gil de Biedma
"Mucho sexo y poca pérgola". Así sintetizó un espectador la película El cónsul de Sodoma, sobre el poeta Jaime Gil de Biedma, en cómplice alusión a los inolvidables versos de Infancia y confesiones -"Yo nací (perdonadme) / en la edad de la pérgola y el tenis"-. El biopic se estrena el próximo día 27 pero se han realizado ya varias proyecciones privadas a las que han asistido personas relacionadas con el escritor. "Hemos salido indemnes", señaló tras uno de los pases el editor Jorge Herralde.
El filme, basado en la biografía de Gil de Biedma escrita por Miguel Dalmau (Circe, 2004), que ya levantó polémica al airear aspectos escabrosos de la animada vida erótica del poeta, es bastante fiel a la misma e incluye imágenes de sexo explícitas, desde luego no aptas para mojigatos. En un momento de la película, Bimba Bosé, que encarna improbablemente a Isabel Gil Moreno de Mora, Bel, que fue amante de Gil de Biedma pese a las inclinaciones homosexuales de éste, aparece desnuda en toda su dimensión, que es mucha, mientras el poeta (Jordi Mollà) se desliza hasta su pubis con generosa intención. La escena, sin tanto detalle (simplemente que hicieron el amor "de manera memorable" cuando ella tenía el periodo), la recoge Dalmau en su libro, contada, dice, por el propio Gil de Biedma. "Desde luego, no me parece de lo más interesante de la vida de mi tío como para seleccionarlo al hacer una película sobre él", reflexiona amargamente Jacobo, uno de los sobrinos del escritor, que añade que éste "era muy pudoroso" y habría abominado de un filme que aireara su vida íntima. En abierto contraste, el director, Sigfrid Monleón, señala: "He querido hacer la película en la que él se hubiera encontrado a gusto como personaje, de la manera en la que él hubiera querido verse en pantalla, como la Dietrich en una película de Sternberg". Monleón consideró que "el verdadero guión de la película es la poesía de Gil de Biedma". En las imágenes pueden verse calentones, orgías con marineros, pedicaciones varias, sexos masculinos al alza. No parece precisamente sutil mostrar el gusto del poeta por la canción francesa exhibiéndolo mientras, ejem, se corre al son de Les feuilles mortes. En algunos momentos, sin embargo, la película es muy lírica, y llega a representar con acierto el mundo vital y literario del escritor, como cuando el poeta aplasta su cigarrillo contra su imagen en el espejo del ascensor al regresar de una noche de alcohol, sexo y ceniceros sucios, mientras se escucha en off el poema Contra Jaime Gil de Biedma, claro.
Ese recurso, la lectura de los maravillosos versos del autor a lo largo del filme, le confiere a éste en momentos una hondura conmovedora (el Himno a la juventud mientras la lolita Yvonette Barral baila el twist en la playa; No volveré a ser joven tras la paliza de su amante gitano en Ultramort).
La película, que abarca el tiempo comprendido entre la publicación del primer poemario del poeta y la última etapa de su vida, enfermo ya del sida que le mataría en enero de 1990, arranca en Manila en 1959, adonde Gil de Biedma viajaba en razón de su cargo en Tabacos de Filipinas. De esmoquin blanco, en una fiesta, mientras lanza miradas depredadoras a los camareros filipinos, alguien le pregunta: "¿Y ahora qué, Jaime?". Y él contesta: "Ahora todo", que es un verdadero programa hedonista. En la escena siguiente, está en un tugurio en el que se exhibe sexo en vivo. Luego sigue a un joven filipino hasta un cuchitril sórdido y tras despojarlo del calzoncillo (la prenda recurrente en el filme es de modelo Ocean y no Calvin Klein) y acariciarle una nalga lo posee en un jergón. Mollà interpreta a un Gil de Biedma introvertido, algo soñador y más bien delicado. Da bien la parte frágil, pero está lejos del aspecto externo vigoroso, recio, macho, incluso brutote, del poeta real.
La película continúa en Barcelona con los problemas de encaje del escritor en su familia y en la sociedad franquista: dos miembros de la brigada político-social le amenazan por "maricón" y compañero de viaje de los comunistas (que no le dejarán afiliarse, no por el blazer y el descapotable sino por su homosexualidad). Carlos Barral, con la icónica barba, y un Juan Marsé sorprendentemente blando, aparecen durante toda la película como dos de sus mejores amigos. Las conversaciones literarias suenan forzadas y son de lo menos creíble del filme. Uno de los pasatiempos que ofrece éste es comparar a los actores con los personajes reales que interpretan: Colita, Oriol Regàs, Pep Madern... Otro es contemplar los escenarios de la época: desde el piso de la familia Gil de Biedma hasta Flash-Flash y Bocaccio.
Dentro del clima dramático destacan algunos momentos humorísticos: la sesión fotográfica para la portada de Últimas tardes con Teresa. Al decir de los que le conocieron bien, algunas escenas son imposibles: las que habla con su padre sobre su homosexualidad o cuando éste va a visitarle y lo encuentra con un negrazo desnudo. También es discutible la secuencia de la muerte de Bel en 1968 al arrastrar su coche una riada: la película sugiere un suicidio. Fiel a su manera de contar la vida de Gil de Biedma, El cónsul de Sodoma se cierra con el poeta enfermo sentado en una cama viendo bailar ante él a un joven chapero desnudo al son de You are always in my mind.

20 de noviembre de 2009

YURI HERRERA: Poderosos poetas

Las narrativas sirven para darle sentido a la historia. En México, por ejemplo, si la conquista fue una historia trágica, la independencia la contamos como una épica y el advenimiento de la democracia unas veces como comedia y otras como epopeya. Mirar nuestro devenir en términos poéticos es una manera de entender cómo nos ha pasado el tiempo y de cargar de propósitos el futuro. El éxito de un gobernante depende en buena medida de la narrativa que sepa contar a los ciudadanos. La promesa de aquel culto borracho de que sólo vendrían "sangre, sudor y lágrimas" no evitó que cayeran las bombas nazis, pero sí le dio sentido a la resistencia. Sin embargo, Churchill hay pocos. Lo que abundan son los que no saben contar su historia, tal vez porque no sienten el compromiso de explicar nada. Dentro de la clase política mexicana, el más reciente empobrecimiento de la poesía comenzó, tal vez, a fines de 2005, inmediatamente después de que la policía detuvo a una pareja de secuestradores y liberó a sus prisioneros, y el director de la Agencia Federal de Investigaciones -hoy todopoderoso director de la Secretaría de Seguridad Pública- autorizó que se devolviera a los protagonistas del hecho a la casa de seguridad donde habían ocultado a los cautivos, para que la televisión pudiera transmitir "en tiempo real" la liberación. A pesar de que el montaje fue descubierto de inmediato y de que no sólo fue criticado ferozmente sino que, a la postre, dio argumentos a los abogados defensores de los secuestradores, el uso de este tipo de ficción parece haberse vuelto una costumbre en la vida política mexicana. Es como si uno de estos poetas de gobierno hubiera tropezado con Más allá del bien y del mal y leído: "¿Por qué el mundo que nos concierne en algo no iba a ser ficción?", y entonces haya pensado no que aquello era una diatriba contra Platón, sino un programa de gobierno. Pues lo que se ha hecho recientemente, más que prefigurar poéticamente la historia que realizamos, ha sido privilegiar la ficción televisiva con la esperanza de que la realidad se ajuste a ella. No hablo sólo de ese otro caso patentemente inverosímil, el de un pastor boliviano que, hace unas semanas, secuestró un avión en Cancún con el objetivo de que sobrevolara siete veces la ciudad de México y luego le permitieran hablar con el presidente para alertarlo de que se acercan grandes catástrofes. Pronto se descubrió que ni el tipo iba armado, ni los pasajeros se enteraron de que había un problema, ni era necesario que docenas de agentes "asaltaran" el avión cuando ya había sido desalojado todo el mundo; mas para entonces ya se había transmitido en directo, desde un sitio a un centenar de metros del avión, la heroica hazaña que sucedió, cuán oportunamente, justo después del anuncio de nuevos impuestos. Hablo también de la narrativa que el gobierno se cuenta a sí mismo con una serie de gestos y declaraciones: la reinstauración del besamanos priísta el día del informe de gobierno, en Palacio Nacional, ya sin el estorbo de diputados opositores que pudieran perturbar el autoengaño; o las declaraciones de algunos secretarios de Estado, que serían risibles de no ser porque quienes las dicen actúan como si tuvieran sustento en el mundo real: "La guerra se está ganando". "La crisis económica será sólo un catarrito". "El nuevo impuesto no va a afectar a los pobres". La ficción ayuda a decir la verdad cuando desborda los clichés y las fórmulas maniqueas que hacen del mundo un lugar simple. Y sirve, si acaso -parafraseo a Harold Bloom-, para conocernos mejor a nosotros mismos, no por lo que diga, sino en virtud del ejercicio intelectual que propone al narrar complejamente la condición humana: en última instancia, hacernos responsables de nuestros horrores y virtudes. Pero responsabilidad es una palabra vedada entre los poderosos poetas. Satisfechos con su ficción televisiva, deben encerrarse en un cuarto limpio y bien iluminado en el que, mientras el país se desmorona, ellos se repiten: "Sí, todo tiene sentido".

11 de noviembre de 2009

Antología de Microrrelatos



Los mejores microrrelatos de hoy, en una antología

Ilustración: Ulises
Los cultivadores del microrrelato se multiplican. Asistimos al nacimiento de un nuevo género literario que "crece bestialmente", a la expansión de la avanzadilla más joven de la Literatura, de la forma de narrar que "mejor se adapta a nuestro tiempo" de prisas y fragmentación. Y toca levantar acta. Eso cree, al menos, Clara Obligado, la autora que ha querido plasmar 'el estado actual de la microficción' en la recopilación que presenta hoy, 'Por favor, sea breve 2'.
En la antología, editada por Páginas de Espuma, ha reunido casi 200 microrrelatos, muchos inéditos. Son la última muestra de lo que hoy perpetran 115 autores españoles y latinoamericanos, tanto consagrados (Ana María Shua, José María Merino, Luis Mateo Díez, Andrés Neuman o Juan Pedro Aparicio, entre otros) como jóvenes (aún) desconocidos. ¿Es este desarrollo de la microficción lo más relevante del panorama literario? "En España sí, o, al menos, lo que más despierta mi interés", asevera Obligado.
La escritora da, con esta antología, el paso que sigue a la recopilación 'canónica' con la que en 2002 dio fe en España del 'boom' del nuevo género, 'Por favor, sea breve'. Textos de Borges, Cortázar o Monterroso se mezclaron entonces con otros de la generación que recogía el testigo y tendieron puentes entre las dos orillas hispanoablantes del Atlántico.
Desde entonces, ha aparecido una "numerosa generación de buenos autores", cientos de 'hormigas' -referencia a un microrrelato de Juan Ramón Jiménez- que son capaces de expulsar -y no sólo de la portada de la recopilación- al viejo dinosaurio del celebérrimo microrrelato de Monterroso, del que ya andan "algo cansados".
"Hay una nueva generación que ha crecido leyendo microficciones", cuenta Obligado, y la diferencia se nota.
El microrrelato se ensancha: ocupa nuevos temas (guerra, ecologismo, vampirismo) y se hibrida, hasta tocarse con la poesía o dar a luz a especímenes como el microteatro de Javier Tomeo.
'El microrrelato es hijo de internet', afirma la escritora Clara Obligado
El género, sin embargo, aún no ha encontrado un nombre fijo (ficción súbita, nanocuento, microficción o hasta testículo) ni extensión límite: una página, propone la autora.
"El microrrelato es hijo de internet", sentencia Obligado. "La imprenta de Gutenberg produjo la novela, y la red ha producido el hiperbreve. El microrrelato está en los blogs, las creaciones se cuelgan al mismo tiempo que se elaboran" o se transmiten por SMS, cuenta la autora de cuentos, novelas y ensayos.
El castellano, asegura, es la lengua donde el microrrelato brota con más fuerza, por la tradición que arraigó en Latinoamerica. Los países más potentes son México, Colombia, Argentina y ahora también España. "Cuando hice la primera antología, me costó encontrar españoles, ahora hay muchos y muy buenos", comenta.
Las editoriales siguen, sin embargo, sin apoyar el género. "Las comerciales nunca apuestan por algo muy nuevo, para eso hay que encontrar casas como Páginas de Espuma. De hecho, espero que siga así, porque si se empieza a trabajar con las microficciones como con la novela, el género estaría muerto".
¿Puede contar lo mismo un libro de microrrelatos que una novela? "No, un microrrelato no puede contar cosas que sí puede una novela, pero una novela no puede contar cosas que cuenta el microrrelato: un destello, una flecha que se clava en una diana".
Obligado no se para ahí, habla de otras propuestas rompedoras que ya están aquí: mezclar música y texto, internet y papel. Sentencia: "La crítica dira que no es literatura, pero nos importa un bledo".

7 de noviembre de 2009

NOVELA NEGRA I

El asesinato de hoy, con las armas del ayer