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20 de abril de 2010

El primer escritor americano, Mark Twain II

Mark Twain
Manuscrito de 'Las aventuras de Huckleberry Finn', novela considerada la obra maestra de Twain.

El primer escritor americano

por VIRGINIA HERNÁNDEZ
Para muchos Mark Twain es sinónimo de novelas juveniles y largas tardes de agosto, pero lo cierto es que el escritor de Misuri está considerado uno de los más importantes de la literatura estadounidense. Twain, seudónimo de Samuel L. Clemens (1835-1910), ya fue popular cuando estaba vivo (algo que entonces experimentaban muy pocos) y supo retratar —y criticar— como nadie las injusticias de su época y de su tierra, el sur de EEUU: el racismo, la segregación, el maltrato, el odio, los excesos…
El autor, considerado el Charles Dickens del nuevo mundo, fue maestro de maestros. Buena prueba de ello son los elogios de escritores que supusieron tanto para el siglo XX como William Faulkner, Norman Mailer o Ernest Hemingway. «Fue el primer escritor verdaderamente americano y todos nosotros somos sus herederos», dijo el autor de 'Luz de agosto' o 'Mientras agonizo', sureño como Twain y tan curtido como reportero como lo estuvo su antecesor. Para Mailer «la prueba de lo buena que es 'Huckleberry Finn' es que puede ser comparada con las mejores novelas modernas». Algo que compartió el escritor de '¿Por quién doblan las campanas?': «Toda la literatura moderna americana procede de un sólo libro de Mark Twain titulado 'Huckleberry Finn'. Todos los textos estadounidenses proceden de este libro. No hubo nada antes. No ha habido algo tan bueno desde entonces».
Aunque con su habitual ironía, Twain aseguró que «un clásico es alguien a quien todo el mundo querría haber leído pero que nadie quiere leer», Huckleberry, el espíritu libre que acompañó a Tom Sawyer y ayudó a escapar al negro Jim, nos muestra las miserias humanas sin reparar en remilgos absurdos. Aunque acaben en la moraleja que la conciencia de Twain imprimió a su vida. Sus personajes no tienen la misión divina de buscar la justicia y seguir el camino recto; son criaturas y por ello sienten envidia, ira y quieren, como fin último, salvar su cuello. Así lo expresó en 'Los inocentes en el extranjero', el libro de viajes que salió de su periplo por Europa y los territorios palestinos: «Y así va el mundo. Hay veces que deseo que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco». No confía en los humanos, pero espera poder hacerlo.
Sus vivencias marcaron sus escritos. La infancia de niño enfermo y la pérdida de su padre labró sus inicios. Su trabajo como práctico de un vapor del Misisipí, su labor como reportero del periódico de su hermano, la Guerra de Secesión, los éxitos, sus viajes, la pérdida de su esposa y de tres de su cuatro hijos, su riqueza y su ruina. Un recorrido vital que fue afianzando su vena más sarcástica y que rozó con la amargura. Su legado más ácido llegó después de su muerte. Los albaceas publicaron de forma póstuma su autobiografía y los textos más críticos que muestran su tormento: hasta 1946 no vieron la luz 'Cartas desde la Tierra', en las que el propio Satanás se plantea la relación entre Dios y los hombres. «Ellos rezan por ayuda y favor y protección cada día; y lo hacen con confianza a pesar de que ninguna oración ha sido jamás contestada». 

27 de noviembre de 2009

Gaston Leroux


El 'Rouletabille' de Leroux, aguafiestas de lo paranormal

  • Backlist edita dos novelas de misterio del detective francés
[foto de la noticia]
Gaston Leroux (1868-1927) ha pasado a la historia de la literatura por hacer de la Ópera Garnier de París un vasto laberinto de trampillas y subterráneos. Colocó dentro a un lírico monstruo, Erik, el espectro enamorado que ensaya al órgano su 'Don Juan Triunfante'. Savater llamó al autor de 'El fantasma de la ópera' "folletinista prodigioso".
Segundo en celebridad, y parejo al anterior relato en prodigio y folletín, estaría el 'El misterio del cuarto amarillo'. Ahora Backlist lo edita junto con su continuación, 'El perfume de la Dama de Negro'. En el pabellón apartado de un viejo palacete, entre encinas y hojarasca, está el cuarto amarillo, un casillero donde todo un aparatoso cluedo da el pistoletazo de salida. Los periódicos hacen crónica con los interrogantes (que son muchos) y el juez de instrucción abre el caso, por hacer algo.
El inspector Maigret, de Simenon, encontró muchas turbiedades en la provincia, fuera de París. También Joseph Joséphin, alias "Rouletabille", de Leroux, deja las aceras capitalinas alentado por aromas de intriga local y toma un tren para Corbeil. Como en las encrucijadas absurdas de Chesterton, la presentación se impone por su propia estética (estética de crimen). Una estancia sin salidas, un pañuelo manchado de sangre, la señorita Stangerson desfalleciente, y el arma hipotética: un hueso de cordero con usos de piqueta. Después igual todo es postizo, igual alguien miente.
El escenario sin escape para el malo ya se aborda en relatos de Dupin ('Los crímenes de la calle Morgue') y de Holmes ('La aventura de la banda de lunares'). Pero en ambos casos Poe y Conan Doyle se valen de la intervención de animales. El autor parece cubrirse las espaldas de eventuales trucos zoológicos:
"...no vienen a revelar ningún pasadizo practicable, no sólo para un ser humano, sino para cualquier otro ser, si el techo no tiene agujeros, si el suelo no oculta algún subterráneo, ¡habrá que creer en el diablo!"
Así, el enigma del «cuarto maldito», puede recordar más a 'Los crímenes de la viuda roja', de Dickson Carr. Si bien las pesquisas llevan el asunto más allá del escenario. Al entrar por la verja del castillo de Glandier, «Rouletabille», detective aficionado, acepta un duelo de prestigio con con el investigador Frédéric Larsan. El acopio de minucias y las pistas, tan crípticas, están para los dos clarividentes, el resto del cuerpo policial está dormido, ausente de aquellos mágicos jardines de los Stangerson.

Inventario esotérico

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Los personajes son el inventario esóterico de una noche de Walpurgis. Un gato del tamaño de un basset maúlla por todas las noches en el bosque, donde, se dice, está la tumba de Santa Genoveva. Lo llaman "El animalito de Dios". Se habla de fantasmas, se detectan fingimientos, pero para "Rouletabille", reportero y detective, los alcances de su thriller no van más allá de una motita de polvo, una huella de zapato fino junto al estanque con nenúfares, o alguna palabra a destiempo.
Leroux se despliega, al estilo Wilkie Collins, en varios puntos de vista. Se dice que en la resolución, en un tribunal de Versalles, las muchedumbres se agolpan para escuchar al detective como a un oráculo. Le llaman "Rouletabille" por su cabeza redonda y pequeña. Es joven, implacable, racional, y un poco insípido. Volviendo a Savater, dijo de éste que prefigura a Tintín.
Suele ocurrir que el esclarecimiento de los crímenes resulta menos asombroso que su propuesta primera, de ahí que los detectives tengan algo de antipáticos, aguafiestas de lo paranormal. Es el caso. Sobre 'El misterio del cuarto amarillo' pende la congoja de un pasado (¡tan insistente, el pasado!), de un barullo de secretos que sólo se dicen a media voz, ya avanzada la trama. En 'El perfume de la Dama de Negro', la secuela, la autobiografía del reportero de 'Le Matin' cobra más peso, adquiere todo trazas de auténtico melodrama. Decir más sería destripar la fórmula del folletín que se abre con la verja del castillo de Glandier, al abrigo del encinar, con arrullos efectistas de gato místico.

'El misterio del cuarto amarillo', y 'El perfume de la Dama de Negro', de Gaston Leroux. Backlist, 2009. Traducción: J. L. Samo. 432 páginas. 24, 50 euros.

Mariano José De Larra

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En su último año de vida Fígaro, pseudónimo de Larra, pasa de su desapego de sátiro cerebral a la elegía, a la pesadumbre. Muchos ven en los suicidas un curso vocacional de extinción propia, y en su final una acusación generacional e icónica. Larra, como Nerval, se zambulló con 28 años en la boca negra de una pistola de avancarga. "El número 24 me es fatal: si tuviera que probarlo diría que en día 24 nací", dice en 'La Noche buena de 1836'. Un mes antes encuentra que Madrid es un gran sepulcro, adelantándose acaso al millón de cadáveres de Dámaso Alonso.
Y en 'Horas de invierno': "Escribir en Madrid es tomar una apuntación, es escribir un libro de memorias, es realizar un monólogo desesperante y triste para uno solo. Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla...". Cátedra ha dedicado un cofre de dos exhaustivos volúmenes de su Bibliotheca Avrea a sus Obras Completas, con un vientre caudal de memorialismo puro, con esa exégesis de fatalidad que impone la literatura del suicida.
Se trata de la edición más completa del autor. Con su obra no se puede pedir una integridad absoluta, pues muchos de sus artículos anónimos, son inencontrables. El primero de estos sillares de pesada mampostería editorial de Avrea está dedicado a los artículos. Joan Estruch, introductor, lo dice muy claro: "Su gran capacidad para la crítica social contrasta con la pobreza de su poesía sentimental y con la escasa complejidad de sus personajes de ficción".
Su drama 'Macías y su novela 'El doncel de don Enrique el Doliente', tienen un adulterio cortesano, y puede obviarse la trasposición de Dolores de Armijo con la ficticia Elvira. Sus cartas privadas tienen algo de interés para seguir otros derroteros escritos el personaje (porque de Larra importa quizá sobre todo su personaje, su distancia, su desarraigo). Escribe a sus padres desde el extranjero. Prefiere Londres a París, claro que era el París de antes de Haussmann. En ese tiempo de viaje, el célebre crítico teatral se pierde el estreno de 'Don Álvaro o la fuerza del sino'.
Retrato del escritor Mariano José de LarraRetrato del escritor Mariano José de Larra
Como comprobará el curioso, Mariano José de Larra ocupó sobre todo su prosa del día con los espectáculos y la estética. Con la promoción de la novedad de lo de fuera y los bochornos de propuestas más catetas. En sus años fecundos, entre 1833 y 1835 (años de su último nombre, Fígaro), de 170 artículos que escribió, sólo 70 hacían costumbrismo, o ponderaban la oscilante política nacional.
Y el osciló con ella en vida. Pasó del colegio francés de Burdeos a ser partidario del absolutismo fernandino. Con 16 años entró como escribiente en la Junta Reservada de Estado, un organismo que coordinaba la represión contra sociedades secretas y masones. Y sólo por sus contactos y compromiso con la corte consiguió sacar su cuadernillo 'El duende satírico del día', en tiempos de álgida censura. Alaba al gobierno y escribe una oda por el cuarto matrimonio del rey felón, "tú eres rey de paz", le dice entre florilegios.

Fígaro, liberal moderado

En todo caso, sus primeros clásicos llegan después, cuando pasa a ser "El pobrecito hablador" (escribe 'Casarse pronto y mal', 'El castellano viejo', 'Vuelva usted mañana'). De ahí salta a La Revista Española, se convierte en Fígaro. Ganaría 40.000 reales al año (el periodista mejor pagado). Por entonces ya era un liberal moderado, y un dandy. Se mofaba de la vestimenta desfasada de los carlistas (léase 'El hombre menguado').
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Pero Larra queda con el madrileñismo. Con los calaveras que disparan con cerbatana como amazónicos de Montera, con el "castellano viejo". Las mascaradas, las tipologías de la calleja, sus aprensiones y su sarcasmo, el verbo satírico y latino que le asiste (le llamaban Juvenal)... Apuntaló la anatomía de la columna, dignificó el anatema a base de hacerse mala sangre de risa para adentro. Ataca desde su atalaya de bajito misántropo a los funcionarios negligentes, a los policías, a los reglamentos de censura. Ironiza Fígaro: "el hombre ha de ser dócil y sumiso".
Umbral escribe en su monográfico sobre el autor que se adelanta a Camus en sus escritos sobre la pena de muerte, y que es heredero de Baudelaire por dandy y de Quevedo por genio español. Después del levantamiento de La Granja, la existencia se le hizo demasiado inhospitalaria, afanosa de malas circunstancias. Y así, el oropel de sangre romántica. Con esto Buero Vallejo hizo teatro, 'La detonación'.

’Obras Completas I y II’, de Mariano José de Larra. Cátedra, Bibliotheca Avrea, 2009. 1214 y 1199 páginas. 83 euros.

23 de noviembre de 2009

Francis Bacon: El prototipo del artista perturbado

Fotografía a una fotografía del pintor. | Chema ConesaFotografía a una fotografía del pintor. | Chema Conesa
Célebre por sus excesos y sus excentricidades, Francis Bacon pasa por ser el prototipo del artista perturbado e irreverente. En lo que no habían indagado los académicos era en la relación de su obra con sus instintos sadomasoquistas.
Lo ha hecho ahora John Richardson, biógrafo canónico de Picasso y académico de prestigio, que ha desnudado la sexualidad de Bacon en un largo artículo en la 'New York Review of Books', quien afirma que el sadomasoquismo que mostró el pintor Francis Bacon en sus tormentosas relaciones con sus amantes homosexuales subyace en sus mejores obras.
Richardson repasa sus momentos con el pintor británico -al que trató entre los años 50 y 70- e indaga en la sexualidad torturada del artista, cuya raíz adivina en la paliza que su padre le dio cuando un día le encontró en casa vestido de mujer.
Por el artículo desfilan las relaciones de Bacon con sus dos amantes más duraderos: Peter Lacy y George Dyer. El primero lo torturó durante años. Al segundo lo condujo al suicidio.
Que Lacy maltrataba a Bacon ya se sabía. Pero el académico detalla su asalto más sanguinario. Aquel en el que éste arrojó a Bacon por una ventana de vidrio laminado en un estado de frenético alcoholismo. "Su cara estaba tan dañada", recuerda Richardson, "que le tuvieron que volver a poner en su sitio el ojo derecho. Después del incidente, Bacon amaba a Lacy aún más. Y durante semanas no pudo perdonarle a Lucien Freud los reproches a su torturador".
En cuanto a George Dyer, Richardson recuerda la relación tortuosa que mantuvo con Bacon y que desembocó en su suicidio en el lavabo de un hotel parisino en la víspera de la inauguración de la retrospectiva del artista en el Grand Palais de París.
"Bacon solía acosar a George hasta el punto de dejarle en un estado de crisis psicótica", recuerda Richardson. "Luego", añade, "en las primeras horas de la mañana se levantaba y exorcizaba su culpa y su rabia pintando imágenes de su amante".
La tesis del profesor Richardson va más allá de estas y otras anécdotas. Según él, el instinto sadomasoquista fue el motor artístico de Bacon. Cuando desapareció, se esfumó su arte y sus últimas obras fueron irrelevantes.

21 de noviembre de 2009

'El cónsul de Sodoma'

El poeta y la nalga del filipino

Jaime Gil de Biedma
"Mucho sexo y poca pérgola". Así sintetizó un espectador la película El cónsul de Sodoma, sobre el poeta Jaime Gil de Biedma, en cómplice alusión a los inolvidables versos de Infancia y confesiones -"Yo nací (perdonadme) / en la edad de la pérgola y el tenis"-. El biopic se estrena el próximo día 27 pero se han realizado ya varias proyecciones privadas a las que han asistido personas relacionadas con el escritor. "Hemos salido indemnes", señaló tras uno de los pases el editor Jorge Herralde.
El filme, basado en la biografía de Gil de Biedma escrita por Miguel Dalmau (Circe, 2004), que ya levantó polémica al airear aspectos escabrosos de la animada vida erótica del poeta, es bastante fiel a la misma e incluye imágenes de sexo explícitas, desde luego no aptas para mojigatos. En un momento de la película, Bimba Bosé, que encarna improbablemente a Isabel Gil Moreno de Mora, Bel, que fue amante de Gil de Biedma pese a las inclinaciones homosexuales de éste, aparece desnuda en toda su dimensión, que es mucha, mientras el poeta (Jordi Mollà) se desliza hasta su pubis con generosa intención. La escena, sin tanto detalle (simplemente que hicieron el amor "de manera memorable" cuando ella tenía el periodo), la recoge Dalmau en su libro, contada, dice, por el propio Gil de Biedma. "Desde luego, no me parece de lo más interesante de la vida de mi tío como para seleccionarlo al hacer una película sobre él", reflexiona amargamente Jacobo, uno de los sobrinos del escritor, que añade que éste "era muy pudoroso" y habría abominado de un filme que aireara su vida íntima. En abierto contraste, el director, Sigfrid Monleón, señala: "He querido hacer la película en la que él se hubiera encontrado a gusto como personaje, de la manera en la que él hubiera querido verse en pantalla, como la Dietrich en una película de Sternberg". Monleón consideró que "el verdadero guión de la película es la poesía de Gil de Biedma". En las imágenes pueden verse calentones, orgías con marineros, pedicaciones varias, sexos masculinos al alza. No parece precisamente sutil mostrar el gusto del poeta por la canción francesa exhibiéndolo mientras, ejem, se corre al son de Les feuilles mortes. En algunos momentos, sin embargo, la película es muy lírica, y llega a representar con acierto el mundo vital y literario del escritor, como cuando el poeta aplasta su cigarrillo contra su imagen en el espejo del ascensor al regresar de una noche de alcohol, sexo y ceniceros sucios, mientras se escucha en off el poema Contra Jaime Gil de Biedma, claro.
Ese recurso, la lectura de los maravillosos versos del autor a lo largo del filme, le confiere a éste en momentos una hondura conmovedora (el Himno a la juventud mientras la lolita Yvonette Barral baila el twist en la playa; No volveré a ser joven tras la paliza de su amante gitano en Ultramort).
La película, que abarca el tiempo comprendido entre la publicación del primer poemario del poeta y la última etapa de su vida, enfermo ya del sida que le mataría en enero de 1990, arranca en Manila en 1959, adonde Gil de Biedma viajaba en razón de su cargo en Tabacos de Filipinas. De esmoquin blanco, en una fiesta, mientras lanza miradas depredadoras a los camareros filipinos, alguien le pregunta: "¿Y ahora qué, Jaime?". Y él contesta: "Ahora todo", que es un verdadero programa hedonista. En la escena siguiente, está en un tugurio en el que se exhibe sexo en vivo. Luego sigue a un joven filipino hasta un cuchitril sórdido y tras despojarlo del calzoncillo (la prenda recurrente en el filme es de modelo Ocean y no Calvin Klein) y acariciarle una nalga lo posee en un jergón. Mollà interpreta a un Gil de Biedma introvertido, algo soñador y más bien delicado. Da bien la parte frágil, pero está lejos del aspecto externo vigoroso, recio, macho, incluso brutote, del poeta real.
La película continúa en Barcelona con los problemas de encaje del escritor en su familia y en la sociedad franquista: dos miembros de la brigada político-social le amenazan por "maricón" y compañero de viaje de los comunistas (que no le dejarán afiliarse, no por el blazer y el descapotable sino por su homosexualidad). Carlos Barral, con la icónica barba, y un Juan Marsé sorprendentemente blando, aparecen durante toda la película como dos de sus mejores amigos. Las conversaciones literarias suenan forzadas y son de lo menos creíble del filme. Uno de los pasatiempos que ofrece éste es comparar a los actores con los personajes reales que interpretan: Colita, Oriol Regàs, Pep Madern... Otro es contemplar los escenarios de la época: desde el piso de la familia Gil de Biedma hasta Flash-Flash y Bocaccio.
Dentro del clima dramático destacan algunos momentos humorísticos: la sesión fotográfica para la portada de Últimas tardes con Teresa. Al decir de los que le conocieron bien, algunas escenas son imposibles: las que habla con su padre sobre su homosexualidad o cuando éste va a visitarle y lo encuentra con un negrazo desnudo. También es discutible la secuencia de la muerte de Bel en 1968 al arrastrar su coche una riada: la película sugiere un suicidio. Fiel a su manera de contar la vida de Gil de Biedma, El cónsul de Sodoma se cierra con el poeta enfermo sentado en una cama viendo bailar ante él a un joven chapero desnudo al son de You are always in my mind.

20 de noviembre de 2009

YURI HERRERA: Poderosos poetas

Las narrativas sirven para darle sentido a la historia. En México, por ejemplo, si la conquista fue una historia trágica, la independencia la contamos como una épica y el advenimiento de la democracia unas veces como comedia y otras como epopeya. Mirar nuestro devenir en términos poéticos es una manera de entender cómo nos ha pasado el tiempo y de cargar de propósitos el futuro. El éxito de un gobernante depende en buena medida de la narrativa que sepa contar a los ciudadanos. La promesa de aquel culto borracho de que sólo vendrían "sangre, sudor y lágrimas" no evitó que cayeran las bombas nazis, pero sí le dio sentido a la resistencia. Sin embargo, Churchill hay pocos. Lo que abundan son los que no saben contar su historia, tal vez porque no sienten el compromiso de explicar nada. Dentro de la clase política mexicana, el más reciente empobrecimiento de la poesía comenzó, tal vez, a fines de 2005, inmediatamente después de que la policía detuvo a una pareja de secuestradores y liberó a sus prisioneros, y el director de la Agencia Federal de Investigaciones -hoy todopoderoso director de la Secretaría de Seguridad Pública- autorizó que se devolviera a los protagonistas del hecho a la casa de seguridad donde habían ocultado a los cautivos, para que la televisión pudiera transmitir "en tiempo real" la liberación. A pesar de que el montaje fue descubierto de inmediato y de que no sólo fue criticado ferozmente sino que, a la postre, dio argumentos a los abogados defensores de los secuestradores, el uso de este tipo de ficción parece haberse vuelto una costumbre en la vida política mexicana. Es como si uno de estos poetas de gobierno hubiera tropezado con Más allá del bien y del mal y leído: "¿Por qué el mundo que nos concierne en algo no iba a ser ficción?", y entonces haya pensado no que aquello era una diatriba contra Platón, sino un programa de gobierno. Pues lo que se ha hecho recientemente, más que prefigurar poéticamente la historia que realizamos, ha sido privilegiar la ficción televisiva con la esperanza de que la realidad se ajuste a ella. No hablo sólo de ese otro caso patentemente inverosímil, el de un pastor boliviano que, hace unas semanas, secuestró un avión en Cancún con el objetivo de que sobrevolara siete veces la ciudad de México y luego le permitieran hablar con el presidente para alertarlo de que se acercan grandes catástrofes. Pronto se descubrió que ni el tipo iba armado, ni los pasajeros se enteraron de que había un problema, ni era necesario que docenas de agentes "asaltaran" el avión cuando ya había sido desalojado todo el mundo; mas para entonces ya se había transmitido en directo, desde un sitio a un centenar de metros del avión, la heroica hazaña que sucedió, cuán oportunamente, justo después del anuncio de nuevos impuestos. Hablo también de la narrativa que el gobierno se cuenta a sí mismo con una serie de gestos y declaraciones: la reinstauración del besamanos priísta el día del informe de gobierno, en Palacio Nacional, ya sin el estorbo de diputados opositores que pudieran perturbar el autoengaño; o las declaraciones de algunos secretarios de Estado, que serían risibles de no ser porque quienes las dicen actúan como si tuvieran sustento en el mundo real: "La guerra se está ganando". "La crisis económica será sólo un catarrito". "El nuevo impuesto no va a afectar a los pobres". La ficción ayuda a decir la verdad cuando desborda los clichés y las fórmulas maniqueas que hacen del mundo un lugar simple. Y sirve, si acaso -parafraseo a Harold Bloom-, para conocernos mejor a nosotros mismos, no por lo que diga, sino en virtud del ejercicio intelectual que propone al narrar complejamente la condición humana: en última instancia, hacernos responsables de nuestros horrores y virtudes. Pero responsabilidad es una palabra vedada entre los poderosos poetas. Satisfechos con su ficción televisiva, deben encerrarse en un cuarto limpio y bien iluminado en el que, mientras el país se desmorona, ellos se repiten: "Sí, todo tiene sentido".

7 de noviembre de 2009

¿Qué es la Poesia? I

DEFINICIÓN :

La poesía (del griego ποίησις 'creación' < ποιέω 'crear') es un género literario en el que se recurre a las cualidades estéticas del lenguaje, más que a su contenido. Es una de las manifestaciones artísticas más antiguas. La poesía se vale de diversos artificios o procedimientos: a nivel fónico-fonológico, como el sonido; semántico y sintáctico, como el ritmo; o del encabalgamiento de las palabras, así como de la amplitud de significado del lenguaje.
Para algunos autores modernos, la poesía se verifica en el encuentro con cada lector, que otorga nuevos sentidos al texto escrito. De antiguo, la poesía es también considerada por muchos autores una realidad espiritual que está más allá del arte; según esta concepción, la calidad de lo poético trascendería el ámbito de la lengua y del lenguaje. Para el común, la poesía es una forma de expresar emociones, sentimientos, ideas y construcciones de la imaginación.
Aunque antiguamente, tanto el drama como la épica y la lírica se escribían en versos medidos, el término poesía se relaciona habitualmente con la lírica, que, de acuerdo con la Poética de Aristóteles, es el género en el que el autor expresa sus sentimientos y visiones personales. En un sentido más extenso, se dice que tienen «poesía» situaciones y objetos que inspiran sensaciones arrobadoras o misteriosas, ensoñación o ideas de belleza y perfección. Tradicionalmente referida a la pasión amorosa, la lírica en general, y especialmente la contemporánea, ha abordado tanto cuestiones sentimentales como filosóficas, metafísicas y sociales.
Sin especificidad temática, la poesía moderna se define por su capacidad de síntesis y de asociación. Su principal herramienta es la metáfora; es decir, la expresión que contiene implícita una comparación entre términos que naturalmente se sugieren unos a los otros, o entre los que el poeta encuentra sutiles afinidades. Algunos autores modernos han diferenciado metáfora de imagen, palabras que la retórica tradicional emparenta. Para esos autores, la imagen es la construcción de una nueva realidad semántica mediante significados que en conjunto sugieren un sentido unívoco y a la vez distinto y extraño.

Poesía china

En la poesía china se cultivaron especialmente los versos pentasílabos y heptasílabos, que en el caso de la lengua china corresponden a versos de cinco y siete sinogramas respectivamente, puesto que cada sinograma representa una sílaba. Las formas poéticas más cultivadas fueron especialmente los Lüshi (律詩, poemas de ocho versos) y los Jueju (絕句, poemas de cuatro versos). Se compiló una recopilación de poemas titulada Todos los poemas de la Dinastía Tang (全唐詩) con más de 48.900 poemas de más de 2200 autores. Entre los poetas más destacados se encuentran Li Bai (李白), Du Fu (杜甫) y Bai Juyi (白居易).
Una importantísima corriente literaria de la época Tang es el Movimiento por la lengua antigua (古文運動). Los partidarios de dicho movimiento propugnaban un retorno el estilo literario de la época Han y anterior, que era más claro y preciso, menos artificioso que el que imperaba en aquel momento. Muchos literatos adeptos fueron destacados ensayistas. Entre ellos destacan Han Yu y Liu Zongyuan. Han Yu era considerado el mejor escritor chino de todos los tiempos por el renombrado orientalista Arthur Waley.
Junto con Ouyang Xiu 欧阳修 Su Xun 苏洵 Su Shi 苏轼 Su Zhe 苏辙 Wang Anshi 王安石 Zeng Gong 曾鞏 son conocidos como los ocho maestros de la prosa china.

Poesía japonesa 

La poesía lírica japonesa, de gran influencia en Europa en el siglo XX, se remonta al siglo VIII d. C. y una de sus formas más populares es el haiku, una composición de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, en la que una imagen visual se contrasta con otra, sin comentarios, o a una imagen sigue una reflexión concisa y a la vez fugaz. El haiku, utilizado por el budismo zen para trasmitir sus enseñanzas, influyó en poetas vanguardistas del siglo XX, como el estadounidense Ezra Pound. Se le llama haikú a la primera estrofa de una variante métrica llamada tanka.

Poesía trovadoresca 

La poesía trovadoresca y galante se originó en la Provenza, al sur de Francia, y fue el antecedente de la riquísima producción de los poetas italianos del siglo XIII, como Dante Alighieri y Guido Cavalcanti. Poco más tarde, Petrarca llevó a su máxima expresión el llamado dolce stil nuovo (dulce estilo nuevo), con su poesía amorosa dedicada a su amada Laura.

Versificación castellana

El arte de combinar rítmicamente las palabras no es lo único que distingue a la poesía de la narrativa, pero hasta mediados del siglo XIX constituía la mejor forma de diferenciar ambos géneros. La versificación tiene en cuenta la extensión de los versos, la acentuación interna y la organización en estrofas.
La rima (coincidencia de las sílabas finales en versos subsiguientes o alternados) es otro elemento del ritmo, igual que la aliteración, que es la repetición de sonidos dentro del verso, como en éste de Góngora: «infame turba de nocturnas aves», donde se repite el sonido ur y también se juega una rima asonante en el interior del verso entre infame y ave. La rima es consonante cuando todas las letras de la última sílaba coinciden en dos o más versos próximos. Se llama asonante cuando sólo coinciden las vocales.
La poesía en lengua castellana se mide según el número de sílabas de cada verso, a diferencia de la poesía griega y de la latina, que tienen por unidad de medida el pie, combinación de sílabas cortas y largas (el yambo, la combinación más simple, es un pie formado por una sílaba corta y otra larga). En la poesía latina los versos eran frecuentemente de seis pies.
Por el número de sílabas, hay en la poesía en lengua castellana versos de hasta 14 sílabas, los alejandrinos. Es muy frecuente el octosílabo en la poesía popular, sobre todo en la copla. Las coplas de Manrique se basan en el esquema de versos octosílabos, aunque a veces son de siete, rematados por un pentasílabo. A esta forma se le llama «copla de pie quebrado». La irregularidad silábica es frecuente, incluso en la poesía tradicional. Por ejemplo, en poesías de versos de once sílabas se pueden encontrar algunos de diez o de nueve.
Las estrofas (grupos de versos) regulares, de dos, cuatro, cinco y hasta ocho versos o más corresponden a las formas más tradicionales. El soneto, una de las más difíciles formas clásicas, se compone de catorce versos, generalmente endecasílabos (once sílabas), divididos en dos cuartetos y dos tercetos (estrofas de cuatro y de tres versos), con distintas formas de alternar las rimas.
La alternancia de sílabas tónicas (acentuadas) y átonas (sin acento) contribuye mucho al ritmo de la poesía. Si los acentos se dan a espacios regulares (por ejemplo, cada dos, tres o cuatro sílabas), esto refuerza la musicalidad del poema. Mantenida esta regularidad a lo largo de todo un poema, se logra un efecto muy semejante al del compás musical.
La poesía del siglo XX ha prescindido de la métrica regular y, sobre todo, de la rima. Sin embargo, la aliteración, la acentuación y, a veces, la rima asonante, mantienen la raíz musical del género poético.

Actualidad 

El papel que juega la poesía en el siglo XXI, se encuentra ligado al avance tecnológico y científico. Surgen nuevas corrientes de Poesía, nuevas formas de manifestación, como: la Biopoesia, Metapoesía, la poesía ecologista, la poesía virtual, transmodernista entre otros, además de que asistimos a una renovación o por lo menos un reemprendimiento de ciertos vanguardismos y estéticas críticas, como la poesía de la conciencia.
El Día Internacional de la Poesía fue proclamado por la Conferencia General de la UNESCO y se celebró por primera vez el 21 de marzo de 2000. Su finalidad es fomentar el apoyo a los poetas jóvenes, volver al encantamiento de la oralidad y reestablecer el diálogo entre la poesía y las demás artes (teatro, danza, música, etc.)

* Tomado de Wilkipedia