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20 de abril de 2010

El primer escritor americano, Mark Twain II

Mark Twain
Manuscrito de 'Las aventuras de Huckleberry Finn', novela considerada la obra maestra de Twain.

El primer escritor americano

por VIRGINIA HERNÁNDEZ
Para muchos Mark Twain es sinónimo de novelas juveniles y largas tardes de agosto, pero lo cierto es que el escritor de Misuri está considerado uno de los más importantes de la literatura estadounidense. Twain, seudónimo de Samuel L. Clemens (1835-1910), ya fue popular cuando estaba vivo (algo que entonces experimentaban muy pocos) y supo retratar —y criticar— como nadie las injusticias de su época y de su tierra, el sur de EEUU: el racismo, la segregación, el maltrato, el odio, los excesos…
El autor, considerado el Charles Dickens del nuevo mundo, fue maestro de maestros. Buena prueba de ello son los elogios de escritores que supusieron tanto para el siglo XX como William Faulkner, Norman Mailer o Ernest Hemingway. «Fue el primer escritor verdaderamente americano y todos nosotros somos sus herederos», dijo el autor de 'Luz de agosto' o 'Mientras agonizo', sureño como Twain y tan curtido como reportero como lo estuvo su antecesor. Para Mailer «la prueba de lo buena que es 'Huckleberry Finn' es que puede ser comparada con las mejores novelas modernas». Algo que compartió el escritor de '¿Por quién doblan las campanas?': «Toda la literatura moderna americana procede de un sólo libro de Mark Twain titulado 'Huckleberry Finn'. Todos los textos estadounidenses proceden de este libro. No hubo nada antes. No ha habido algo tan bueno desde entonces».
Aunque con su habitual ironía, Twain aseguró que «un clásico es alguien a quien todo el mundo querría haber leído pero que nadie quiere leer», Huckleberry, el espíritu libre que acompañó a Tom Sawyer y ayudó a escapar al negro Jim, nos muestra las miserias humanas sin reparar en remilgos absurdos. Aunque acaben en la moraleja que la conciencia de Twain imprimió a su vida. Sus personajes no tienen la misión divina de buscar la justicia y seguir el camino recto; son criaturas y por ello sienten envidia, ira y quieren, como fin último, salvar su cuello. Así lo expresó en 'Los inocentes en el extranjero', el libro de viajes que salió de su periplo por Europa y los territorios palestinos: «Y así va el mundo. Hay veces que deseo que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco». No confía en los humanos, pero espera poder hacerlo.
Sus vivencias marcaron sus escritos. La infancia de niño enfermo y la pérdida de su padre labró sus inicios. Su trabajo como práctico de un vapor del Misisipí, su labor como reportero del periódico de su hermano, la Guerra de Secesión, los éxitos, sus viajes, la pérdida de su esposa y de tres de su cuatro hijos, su riqueza y su ruina. Un recorrido vital que fue afianzando su vena más sarcástica y que rozó con la amargura. Su legado más ácido llegó después de su muerte. Los albaceas publicaron de forma póstuma su autobiografía y los textos más críticos que muestran su tormento: hasta 1946 no vieron la luz 'Cartas desde la Tierra', en las que el propio Satanás se plantea la relación entre Dios y los hombres. «Ellos rezan por ayuda y favor y protección cada día; y lo hacen con confianza a pesar de que ninguna oración ha sido jamás contestada». 

El viajero del Misisipí: Mark Twain

por RAQUEL QUÍLEZ
Twain, junto a su esposa Olivia Langdon y sus tres hijas, a la entrada de su casa de Hartford. | AP
Fue Samuel Langhorne Clemens hasta los 28 años, cuando se entregó de lleno a la pluma. Mark Twain fue el pseudónimo erigido a modo de barrera entre una vida intensa antes y después. Aderezada siempre con ironía, marca de la casa. «Dentro de 20 años estarás más decepcionado por lo que no hiciste que por lo que hiciste», dijo. Y se aplicó con rigor la premisa.
Se cumplen ahora 100 años de la muerte del genial escritor que nació el 30 de noviembre de 1835 en Florida (Misuri), donde sus padres habían emigrado para estar cerca del 'tío John', un próspero comerciante dueño de una granja y unos 20 esclavos negros. También su padre se dedicó a la tierra, actividad muy lucrativa en un país en plena efervescencia expansionista. Eran los años de las grandes plantaciones de algodón, de los desgarradores cánticos de lamento... Y todo quedó plasmado en sus obras.
A los cuatro años, su familia se trasladó a Hannibal, pueblo ribereño del Misisipí que sirvió de inspiración para el San Petersburgo de Sawyer y Huckleberry Finn, sus grandes creaciones. Twain siempre bebió de su experiencia. A los 12 años quedó huérfano de padre, dejó los estudios y se empleó como aprendiz de tipógrafo. Así empezó a familiarizarse con las letras y pronto llegaron las primeras colaboraciones en redacciones de Filadelfia y Saint Louis. Pero el cuerpo le pedía cambios y pasados los 18 años decidió iniciar sus viajes en busca de fortuna. Fue piloto de un vapor fluvial —la actividad, confesó, que más feliz le hizo en su vida—, inspeccionó minas de plata, fue buscador de oro... Eran los años de la conquista del Oeste. Se habían descubierto metales preciosos en California y el país entero cambió su eje en busca de suerte. Pero, uno a uno, sus sueños se fueron frustrando: la Guerra de Secesión de 1861 interrumpió el tráfico fluvial, las minas de Nevada resultaron demasiado duras, y el oro tampoco apareció como esperaba.

La tabla de salvación de la literatura

La pluma se convirtió en el modo más realista de ganarse la vida. Trabajó como periodista en varias cabeceras y le dio a la ficción hasta que en 1865, año en que termina la guerra salvando la unidad del país, le llegó su primer éxito: 'La famosa rana saltarina de Calaveras'. Lo firmaba Mark Twain, expresión del Misisipí que significa dos brazas de profundidad, el calado mínimo para navegar. Empezó entonces una etapa de continuos viajes como periodista y conferenciante que le llevaron a Polinesia, Europa y el cercano Oriente. Y también los inmortalizó en libros: 'Los inocentes en el extranjero' (1869) y 'A la brega' (1872), en el que recrea sus aventuras por el Oeste.
Tras casarse en 1870 con Olivia Langdon, hija de un capitalista muy activo en la lucha antiesclavista, se estableció en Connecticut. Se acabó la vida de nómada y comenzó la crítica social denunciando la corrupción política o las ansias por enriquecerse a cualquier precio. Seis años más tarde publicó su primera gran novela, 'Las aventuras de Tom Sawyer' (1876), basada en su infancia. Después llegaron las de Huckleberry Finn (1884), también ambientadas en el ribera del gran río, aunque menos autobiográficas. Y de nuevo sus propios pasos en 'Vida en el Mississippi' (1883), sobre su añorada etapa como piloto fluvial.
Las cosas le iban bien, incluso crea en 1884 su propia editora, la Charles L. Webster and Company. Pero, poco a poco, la vida empieza a torcerse. Y la amargura invade sus páginas. En 1893 invierte en un nuevo tipo de máquina que mecanizaba el proceso de composición de texto, la linotipia Paige, y pierde mucho dinero, por lo que debe mudarse a Europa y recorrer el mundo como conferenciante para recuperarse. Dos de sus hijas mueren, por meningitis y epilepsia, y su mujer enferma y también pierde la vida. Esos últimos años no fueron fáciles para Twain. Ya en 'El forastero misterioso' (novela póstuma publicada en 1916) afirma que se siente como un visitante sobrenatural, llegado con el cometa Halley y dispuesto a abandonar la Tierra con la siguiente reaparición del astro, que ponía fin a su ciclo de 79 años. Y fue así como sucedió.
Falleció el 21 de abril de 1910 en Redding (Connecticut) , pero incluso con su muerte tuvo que recurrir a la ironía. Y es que el New York Journal se adelantó y en 1897 ya publicó su deceso. Letal error al que Twain respondió con una carta al director: «James Ross Clemens, un primo mío, estuvo seriamente enfermo en Londres hace dos semanas. La noticia de mi enfermedad derivó de la enfermedad de mi primo; la noticia de mi muerte fue sin duda una exageración», decía. Escéptico, solía afirmar: «Y así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco». Y así lo vivió él. Genio y figura hasta en la muerte.

19 de febrero de 2010

poema inédito de Neruda

La pieza desconocida, que está referida a Valparaíso, la ciudad donde se celebra el Congreso, es una especie de juguete poético.
 
Academias llevan a Chile poema inédito de Neruda
sopresas   Chile respira poesía por todos los lados, y el género tendrá un protagonismo especial (Foto: Archivo EL UNIVERSAL )

La edición popular conmemorativa de Pablo Neruda, que han preparado las Academias de la Lengua Española para el Congreso Internacional que se celebrará en Chile en marzo, es "una excepcional antología" que contiene un poema inédito "muy entrañable" y escrito en clave. Este inédito, que está referido a Valparaíso, la ciudad donde se celebra el Congreso, y que es una especie de "juguete poético", fue revelado por el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, en un desayuno informativo en la sede de la Agencia Efe y que estuvo protagonizado también por la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel.
Como dijo Caffarel, "Chile respira poesía por todos los lados", y en el Congreso este género literario tendrá un protagonismo especial, que quedará patente en diferentes homenajes y en las antologías que tanto las veintidós Academias de la Lengua como el Cervantes han preparado para este gran encuentro cultural, cuyo lema es "América en la lengua española".
Los dos homenajes más importantes del V Congreso Internacional de la Lengua Española se rendirán a "dos grandes voces de América y Premios Nobel": Pablo Neruda y Gabriela Mistral, escritores chilenos a los que las Academias de la Lengua han dedicado sendas ediciones conmemorativas, que se presentarán esos días.
Según afirmó García de la Concha, la iniciativa de dedicar una edición de este tipo a Neruda partió de la Academia chilena y del Gobierno de ese país, y el resultado es "una excepcional antología, coordinada por Hernán Loyola, gran especialista" en el autor de "Veinte poemas de amor y una canción desesperada".
No es fácil encontrar inéditos de Neruda, pero la edición de las Academias contiene uno, que "es muy entrañable y que está referido a Valparaíso". El autógrafo ha sido cedido por Nurieldín Hermosilla, "un nerudista generosísimo", comentó el director de la RAE.
El poema guarda relación con el momento en que, durante la dictadura militar de los años 40, "Neruda tiene que andar escondido de una parte a otra y, entonces, una familia de Valparaíso le presta asilo en una casita de uralita, elemental".
El gran escritor chileno, que murió el 23 de septiembre de 1973, pocos días después del golpe de estado de Augusto Pinochet, habla de aquellos momentos de 1948 en su poema "varias veces, y premia el cariño de esa familia" con una especie de "juguete poético", escrito en clave.
El nerudista que ha cedido el autógrafo se ha encargado también de "explicar las claves" de lo que cuenta el Premio Nobel chileno.
El escrito inédito va en un apéndice de la antología y el propio Neruda deja claro el carácter "espontáneo" del texto y dice que no estaba "todavía para publicar", señaló García de la Concha.
La edición conmemorativa lleva el título de "Antología general", en un claro guiño al "Canto general" de Neruda, y permite seguir "magníficamente" la relación del escritor con su producción poética".
La antología lleva varios estudios introductorios y temáticos "realmente excepcionales", firmados por Jorge Edwards, Hernán Loyola, Marco Martos, Pere Gimferrer y Francisco Brines, entre otros.
En cuanto a Gabriel Mistral, la edición reúne los cuatro libros de poesía que publicó en vida, además de otros textos poéticos que pueden considerarse "casi inéditos" porque fueron publicados en revistas sueltas.
"Hemos echado mano del legado de Gabriel Mistral, recientemente adquirido por el Gobierno chileno y que está depositado en la Biblioteca Nacional de Chile", explicó García de la Concha.
La antología de Gabriela Mistral contiene también textos en prosa, una dimensión "poco conocida" de la gran escritora chilena, "siendo una prosista excelente", aseguró García de la Concha.
"De ahí sale una figura de Gabriela Mistral bastante distinta de la que circula habitualmente, la de la 'maestrita' de América. Aparece una mujer mucho más compleja, más rica y con muchas más dimensiones, desde la política y el compromiso social hasta la actitud hacia el indigenismo".
El académico chileno Cedomil Goic se ha encargado de la selección y fijación de los textos de Mistral.
Por otra parte, la Antología de la poesía hispanoamericana que ha preparado el Instituto Cervantes para el Congreso de Chile le hace hueco a los poetas más jóvenes, "a los que tienen ahora entre 30 y 50 años". Esos que, "seguramente, ganarán el Premio Cervantes en el futuro", dijo Carmen Caffarel.
El venezolano Gustavo Guerrero se ha encargado de coordinar la antología del Cervantes, que va acompañada de un vídeo, realizado por la Agencia Efe, en el que los poetas leen poemas suyos y "desvelan su proceso de creación", agregó la directora del Cervantes.

24 de enero de 2010

Dictadura y caricatura, riman pero no conjugan

[foto de la noticia]
Ese día, los lectores que con múltiples precauciones paraban en el quiosco a comprar la revista Humor, retrocedieron espantados. Era el 12 de diciembre de 1979, estaban en plena dictadura y en la tapa de la revista aparecía la caricatura de un tipo de cara alargada, rasgos ascéticos, medios aindiados y el pelo aplastado con gomina.
Aquel no podía ser otro que Jorge Rafael Videla, el jefe de la Junta Militar, sujeto siniestro donde los hubiera. Habían transcurrido tres años desde el comienzo del Proceso de Reorganización Nacional (PRN) con que los generales pusieron fin a la endeble democracia e instauraron su régimen de terror. La gente ya tenía conocimiento del secuestro y desaparición de miles de ciudadanos.
Hacia falta valor para comprar una revista con veladas críticas –pero críticas al fin- a la gestión económica del gobierno de facto. Pero había que ser un suicida para publicar un número satirizando con el pincel a Videla y estar demente para comprarlo.
Y sin embargo aquella edición tuvo una tirada cercana a los 250 ejemplares. Hasta el día de hoy, los historiadores indagan como fue que esos generales, tremendamente susceptibles, toleraron que Andrés Cascioli, editor y dibujante, los retratara con narizotas, cejas de ogro, ojos desorbitados.

El primer número de Humor salió en 1978

El primer número de Humor salió en 1978, como un proyecto en el que participaban escritores y columnistas desafectos de la dictadura, como Osvaldo Soriano, Aída Bortnik y muchos otros. Lanzarlo ese año no fue una decisión al azar: en Argentina se disputaba el Mundial de Fútbol y la represión había aflojado un poco.
El motor de la revista eran las portadas de Cascioli y las tiras de Grondona White, Meiji, Tabaré, Tomás Sanz , Trillo y otros. Algunas como Vida Interior, El Doctor Cureta o Las Puertitas del Señor López se convirtieron en clásicos del género. Pero digamos que la guinda de aquella tarta eran las portadas.
Cascioli tanteó el terreno caricaturizando primero a los funcionarios civiles del régimen, sobre todo al ministro de Economía, Martínez de la Hoz a quien le sacó mucho partido gracias a sus orejas de murciélago. Luego se atrevió con los uniformados: el general Viola luchando contra los tiburones de la inflación, el almirante Massera abandonando el barco en que se hundían sus colegas, en una lancha de rescate y por último, ya en el ocaso del régimen, Fortunato Galtieri, artífice del desastre de la Guerra de las Malvinas , con el atuendo de un gladiador.
Con el retorno de la democracia, en 1983, Humor perdió su razón de ser, habiendo cumplido con la misión de entretener a los argentinos en una época en que pocos sonreían.

La revista Satiricón

La revista Satiricón, otro muestrario del arte de la caricatura, fue la precursora de Humor y aunque surgió en noviembre de 1972, cuando aún se respetaba –al menos en teoría- la libertad de expresión, fue mucho más censurada que su sucesora. El caudillo Juan Domingo Perón era de uno de esos narcisistas que se miran en las ventanillas de los autos y que lo dibujaran con una cabezota desproporcionada constituía para él un acto de leso patriotismo.
A su viuda y sucesora en el poder, Isabel Martínez tampoco le gustaba que se mofaran de su extremada delgadez y de su peinado como esculpido en la roca. Así como Humor floreció bajo la dictadura, Satiricón se replegó. Sus talleres cerraron en 1976, poco después del golpe militar y reabrieron en el 2004 cuando ese género de publicaciones había perdido su atractivo.

Más conocido bajo el seudónimo de Oski

Una de los astros fugaces de Satiricón fue Oscar Conti más conocido bajo el seudónimo de Oski, que adoptó porque al principio se avergonzaba de publicar caricaturas en vez de óleos, él que había estudiado en la Escuela Nacional de Bellas Artes (Argentina). Más tarde el dibujante y los críticos descubrieron que la caricatura también puede ser un arte, donde se ven reflejadas las virtudes y las taras de una sociedad. Nadie con edad suficiente olvida a esos personajes con ojos de huevo y piernas escuálidas, eternamente serios o perplejos.
Nacido en 1914, Oski saltó a la fama ilustrando los deliciosos textos de César Bruto en la revista Rico Tipo. Oski sentía verdadera pasión por la Historia y sus textos ilustrados, Vera Historia de las Indias (1958) o Vera Historia del Deporte (1973) son exhibidas hasta hoy en los museos.
Oscar Conti colaboró con publicaciones de izquierda como L’Unita y Paese Sera; vivió un tiempo en Cuba, después de la revolución y en Chile bajo el gobierno de la Unidad Popular. Luego trabajó para la Editorial Lumen, en Barcelona.
Había jurado no pisar su tierra natal mientras persistiera la Dictadura, pero carcomido por el cáncer y sin un peso en el bolsillo regresó a Buenos Aires, donde falleció en 1979, en la cama de un hospital.

17 de enero de 2010

Un buzón de cartas y emociones toma las páginas de 'Litoral'

Carta de Benjamín Palencia a Emilio PradosCarta de Benjamín Palencia a Emilio Prados
Esas vidas escritas que han corrido hacia algún lado tras el pulso de la caligrafía y la envoltura íntima de la carta atraviesan el nuevo número de la revista 'Litoral', que se presenta este jueves en el Centro Cultural Provincial de calle Ollerías. Se trata de un homenaje en toda regla a ese mundo romántico que rodea todo lo relacionado con el correo tradicional, y tiene en su trasfondo un recorrido por la historia del arte y la literatura que cobra sentido con la transcripción de las misivas que emborronaron sus celebridades.
No en vano, tras el inicio que marca el análisis a través de artículos firmados por Antonio Jiménez Millán, Jordi Gracia o Miguel Gómez, el grueso de la publicación lo conforman 'Cartas&caligrafías', un bloque que se ordena en sentido cronológico y tiene como remitentes a decenas de escritores, artistas e intelectuales de todos los tiempos. Sus cartas ocupan casi 200 páginas estructuradas en torno a tres partes: 'Los inicios, de Ciceron a Mozart'; 'Románticos, realistas y visionarios, de Blake a Rimbaud'; y 'La tradición de ruptura, de Freud a Kerouac'.
Todas ellas trazan un mar de curiosidades, un cúmulo de intimidades como las que se leen en este fragmento, extraído de una misiva dirigida desde Cuba por Ernest Hemingway a Marlene Dietrich en 1950: «Te estás poniendo tan bella que tendrán que hacer fotos para tu pasaporte de tres metros de alto. ¿Qué es lo que realmente quieres hacer de tu vida? ¿Romper el corazón de todos por una moneda de diez centavos? Siempre podrías romper el mío por una de cinco centavos y yo pondría la moneda».
Luego, el apartado 'Lista de Correos. Cartas en la España del siglo XX' da paso a documentos como la correspondencia que Manuel de Falla mantuvo con Emilio Prados, José María Hinojosa y Manuel Altolaguirre en la primera etapa de 'Litoral'. O se reproducen misivas firmadas por Pedro Salinas, Jorge Guillén, Benjamín Palencia, José Bergamín, Lorca, Dalí, Aleixandre, Prados, Alberti, Cernuda, Altolaguirre, Hinojosa, Miguel Hernández, Gabriel Celaya o Gil de Biedma.
Como continuación a ellas aparecen sendos artículos que hacen mención a algunos de estos documentos, pues están dedicados tanto a los epistolarios de la Generación del 27 como a la importancia que ha jugado la publicación de correspondencia y cartas inéditas en la historia de la revista Litoral. Ya entrados en la recta final aparece 'La letra americana', una sucesión de textos relacionados con César Vallejo, Huidobro, Borges, Neruda, Frida Kahlo, Cortázar, Octavio Paz, Benedetti o García Marquez .
Finalmente, 'Poemas a la carta' se erige en el espacio que recupera versos dedicados a esas letras que se lanzan en un sobre por una treintena de poetas del siglo XX.

El final de la carta

Como epílogo definitivo planea la sombra de las nuevas tecnologías como heredera de las relaciones epistolares tradicionales en artículos firmados por la profesora de Ciencias de la Comunicación Neus Arques y el escritor José Luis González Vera, quien da el toque con final su humor entre canalla y poético en un original texto, 'La última carta'.
Ambos trabajos quizás corroboren las palabras con las que cierra el editorial de este número el director de la revista, Lorenzo Saval: «Sí, estamos ante el final de la carta, de esa carta que te llegaba con bordes azules y rojos del extranjero, a veces con un exótico sello timbrado en un extremo y otras veces con un corazón temblando dentro. De ese trozo de vida, siempre iluminado, que te encontrabas dentro del buzón».
Estas palabras se ven ilustradas cuando añade: «Este 'Litoral' podría ser una carta abierta de despedida a un género literario que, como muchas especies de la fauna, está en extinción. La prueba está en que haciendo este 'Litoral' sobre la carta no recibimos ninguna y, lo que es peor, tampoco la esperábamos».

8 de enero de 2010

Sábato, Delibes y Cardenal propuestos Nobel de Literatura 2010


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Agencias

MADRIR - La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) propone como candidatos al Nobel de Literatura 2010 a Ernesto Sábato (Argentina, 1911), Miguel Delibes (España, 1920) y Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925), por sus “acreditados méritos literarios”. Esta Sociedad, a petición expresa de la Academia Sueca, propone las candidaturas de escritores en lengua española al más prestigioso premio literario.
 
La SGAE en anteriores ocasiones ha propuesto a Sábato y Delibes, pero es la primera vez que incluye en la nómina al escritor nicaragüense, quien en el 2007 ya había sido promovido por un Comité Coordinador presidido por el escritor Sergio Ramírez Mercado.
 
Sábato publica El túnel, su primera novela, en 1948. Luego se suman Sobre héroes y tumbas (1961) y Abbadón, el exterminador (1974). Recibe en 1984 el Premio Cervantes, considerado el Nobel de las letras hispánicas.
 
Delibes es galardonado con el Cervantes en 1993. Entre los títulos de su extensa trayectoria narrativa encontramos La sombra del ciprés es alargada (1948), con la cual consigue el premio Nadal,  Aún es de día (1949), El camino (1950), Mi idolatrado hijo Sisi (1953), La hoja roja (1959), Las ratas (1962), Cinco horas con Mario (1966), Diario de un jubilado (1955).
 
Entre las publicaciones de Cardenal pueden destacarse: Epigramas (1961), Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965), El estrecho dudoso (1966) y Homenaje a los indios americanos (1969). En 2009 obtuvo el Premio Pablo Neruda.
 
Los escritores en lengua española que han recibido el Nobel: Octavio Paz (1990), Camilo José Cela (1989), Gabriel García Márquez (1982), Vicente Aleixandre (1977), Miguel Ángel Asturias (1967), Juan Ramón Jiménez (1956), Gabriela Mistral (1945), Jacinto Benavente (1922) y José Echegaray.

3 de enero de 2010

La brutalidad de los textos sagrados

Icono del cómic underground, Robert Crumb acaba de publicar una obra que se inspira en el Génesis. Opinan los artistas León Ferrari y Lucas Varela, quien la considera una obra maestra.

Por: Diego Marinelli
ROBERT CRUMB. Icono del cómic undergraound.



 

Que un historietista se decidiera a hacer una versión del Génesis no es tan raro. Muchos de los grupos cristianos que van de casa en casa en busca de nuevos fieles llevan consigo materiales de propaganda en los que aparecen relatos dibujados de pasajes de la Biblia. En Estados Unidos, incluso, hay toda una industria de cómics cristianos, que no venden lo que las revistas de superhéroes, pero de todas formas son bastante populares. Y en la Argentina de los primeros años 80 se vendía en los kioscos de diarios un coleccionable llamado "La Biblia para niños" que contaba el Nuevo Testamento a través del lenguaje de la historieta, con personajes de caras redondas y ojos grandes, al estilo del manga japonés. Salía los martes. 


Lo que llama la atención es quien se lanzó a hacer su propia versión de los textos sagrados. Pocos de los muchos fanáticos que tiene por el mundo Robert Crumb se imaginaban que el gran maestro del cómic underground iba a salir de su largo letargo creativo con una obra inspirada en el Génesis. Y el asombro está dado, sobre todo, porque Crumb se hizo famoso gracias a historietas libertinas que narraban sus obsesiones con las mujeres y daban testimonio del desenfreno lisérgico de los hippies de San Francisco, durante la década de 1960. Que Robert Crumb publique un cómic sobre el Génesis era tan impensado como que Mick Jagger escribiera un libro sobre el valor de la castidad. Pero ocurrió.

No sólo ocurrió, sino que, además, es una versión extremadamente respetuosa, casi literal, que deja en nada las sospechas de que iba a tratarse de una relectura salvaje del Antiguo Testamento, marcada por el erotismo y la ironía que conforman el ADN de la obra de Crumb. Eso no es, sin dudas, lo que esperaban los amantes del cómic cuando se anunció la aparición del libro, cuya edición en castellano acaba de ser presentada en España por la editorial La Cúpula y previsiblemente será distribuida muy pronto en la Argentina.

La historia del Robert Crumb que revolucionó el lenguaje de las historietas comienza en 1967, cuando se mudó a San Francisco, donde estaba estallando el "verano del amor". Hasta entonces se había ganado la vida dibujando tarjetas de felicitación y haciendo ilustraciones para pequeños medios de prensa, así que la llegada a San Francisco le voló la cabeza –literalmente–, ya que allí comenzó a experimentar con drogas alucinógenas, a frecuentar salas de música donde actuaban grupos psicodélicos como Jefferson Airplane y a disfrutar de las bondades del amor libre. Allí, al poco de desembarcar, fundó Zap Comix, una revista legendaria en la que publicaba tiras que describían el alocado entorno que lo rodeada y que hoy es considerada como la primera piedra del cómic underground (hasta entonces los cómics eran fundamentalmente un fenómeno manejado por grandes editoriales y no tocaban temas considerados conflictivos).


Antes de largarse a vivir en una granja, siguiendo la premisa hippie, y luego a un pequeño pueblito francés, Crumb tuvo tiempo para crear personajes profundamente representativos de los 60, como Fritz El Gato y Mr. Natural, e ilustrar la tapa de discos emblemáticos de esa década como Cheap Thrills, de Big Brother and the Holding Company, el grupo de Janis Joplin. Además, fue quien impulsó la carrera de Harvey Pekar –otro gran ícono del cómic independiente–, encargándose de los dibujos de sus primeros álbumes, y realizó varios libros maravillosos dedicados a músicos de jazz y blues. Un recorrido creativo que está retratado de una manera realmente estupenda en el documental Crumb (1994), dirigido por Terry Zwigoff y producido por David Lynch.

Y Dios dijo: "¡Haya luz!"

Robert Crumb creció en el seno de una familia profundamente católica y es muy probable que con este cómic esté cerrando el círculo que abrió al renegar de las buenas costumbres cristianas, allá por los 60. No se trata de volver a abrazar la fe perdida, sino de regresar a los relatos que marcaron su infancia con la intención de redescubrirlos, de encontrar en ellos símbolos que le permitan comprender el mundo. "Yo no creo que la Biblia sea la palabra de Dios, sino las palabras de los hombres. No obstante es un texto poderoso, con muchas capas de significado que profundizan en nuestro inconsciente colectivo, en nuestro inconciente histórico", reflexiona Crumb sobre este abordaje en el Génesis, el primero de los cinco libros del Antiguo Testamento, donde se compilan episodios fundacionales de la tradición judeo-cristiana como la Creación, Adán y Eva en el Jardín del Edén, la historia de Caín y Abel, la Torre de Babel y el Diluvio, además del nacimiento de las tribus de Israel. "En ciertos pasajes, si creía que mis palabras podían aclarar el sentido del texto, he realizado una interpretación propia", devela Crumb. "Pero me controlé y no me permití demasiado a menudo ese ejercicio de creatividad".


Dado que los textos son transcripciones prácticamente literales, la impronta autoral hay que buscarla en la expresividad de los dibujos y en los fragmentos que Crumb decidió recortar y dotar de una importancia mayor. Así, es posible reconocer las típicas obsesiones de Crumb en la relevancia que tienen dentro de su libro los conflictos cotidianos de las tribus de Israel. Las familias de los patriarcas aparecen retratadas como colectivos humanos brutales en los que hay hijos que traicionan a los padres, hermanos que intentan asesinar a otros hermanos, mujeres celosas y terribles que compiten por el amor de los profetas, intentos de violación, esclavas sometidas sexualmente y otros etcéteras por el estilo que no son inventos de la mente afiebrada de Crumb sino que están tomados fielmente de los textos sagrados.

Una vez que pasan los episodios de la Creación y el Diluvio, el resto de la obra podría leerse casi como una bestial novela rosa cuyos escenarios son los antiguos territorios de Asia Menor. Un mundo primitivo en el que, sin embargo, se establecieron muchas de las normas morales que rigen la vida de numerosos ciudadanos de las sociedades actuales. Con su trazo detallista y expresivo, Crumb pone en marcha la delicadísima tarea de dar humanidad a personajes intocables por su condición de figuras veneradas y decide mostrar sus acciones tal cuál fueron contadas, para que sea el lector el que saque sus propias conclusiones. Sin burlas ni reinterpretaciones. Llegados a este punto, hay que decir que se trata de un comic ambicioso y magnífico, una obra destinada a pasar a la historia del género. El desafío que se impuso Crumb justifica todos los honores: dotar de vida a un texto sagrado e intocable, volverlo mundano, imperfecto, brutal. Tal como el mundo que se creó a partir de sus enseñanzas.

La amistad entre Gabriel García Márquez y Jaime Gabazón

Gabriel García Márquez

El escritor de fama universal hace una visita al dentista de fama universal
La amistad entre Gabriel García Márquez y Jaime Gabazón, narrada en una deliciosa crónica por el peruano Julio Villanueva Chang.
 

El doctor Jaime Gabazón abrió la puerta de su clínica dental de Cartagena de Indias y descubrió a García Márquez tan solo como un astronauta en su sala de espera. Eran las dos y treinta de la tarde del 11 de febrero de 1991 y el paciente había llegado puntual a su primera cita. "En siete años nunca llegó tarde", me contaría tiempo después el odontólogo. En su mesa de centro había literatura de consultorio de dentista, unas cuantas revistas para bostezar la espera y empezar a caer bajo los efectos sedantes de una música de fondo. El doctor Gabazón parecía muy despierto bajo sus anteojos de lector de dentaduras. Tenía esa bonhomía que transpira la gente de la costa de Colombia y unos bigotes que se esmeraban por competir con su sonrisa simétrica. Aquella primera vez García Márquez había llegado hasta allí en su automóvil con chofer, en un barrio de la ciudad cuyo nombre es perfecto para un dentista: Bocagrande.
Cuando el odontólogo salió a recibirlo, el escritor acababa de completar de puño y letra la ficha de su historia clínica: “Nombre del paciente: Gabriel García Márquez. ¿Cuál es su ocupación? Paciente vitalicio. Número de teléfono: Cortado por falta de pago. Si es casado, ocupación de su esposa: Sí, no hace nada. ¿Para qué compañía trabaja su esposa? Ya quisiera yo saberlo. Nombre de la persona responsable por el pago del tratamiento: Gabo, el hijo del telegrafista. ¿Tiene usted alguna molestia o dolor? Molestia sí, el dolor vendrá después. ¿Nos podría decir quién lo recomendó al doctor? Su fama universal”. Fue lo que García Márquez había escrito en esa primera dramática visita que tarde o temprano todos hacemos al consultorio de un sacamuelas. “Un cuento es lo que te cuentas a ti mismo en la sala de un dentista mientras aguardas tu cita con él”, dijo John Cheever.
El maestro
Los primeros siete años de consulta el odontólogo trató a García Márquez con el respetuoso vocativo de maestro. Luego empezó a llamarlo compadre. Cuando se enteró de que la esposa del doctor estaba embarazada de su sexto hijo, García Márquez le preguntó con el entusiasmo de un cura recién ordenado: “¿Y cuándo lo bautizamos?”. Iba a ser el primer hijo varón del dentista. Pero no entendió esa pregunta hasta que alguien que había vivido en México le explicó que en ese país, donde el escritor tiene residencia, a veces el honor de ser padrino se pide a los padres y no al revés. El día del bautismo, García Márquez y su esposa Mercedes Barcha fueron los primeros en llegar a la iglesia. -No creo que nada sea casual -me diría su dentista-. Fue un bautizo macondiano.
Aquella ceremonia no fue la primera coincidencia familiar. El doctor Gabazón recordaba que las familias de ambos habían sido vecinas en el barrio de Pie de la Popa y que la hermana de García Márquez iba a jugar a su casa con la suya. Por entonces el dentista era un bebé de un año y el escritor debía de ser un veinteañero que andaba mamando gallo, ese modo tan caribeño de tomarte el pelo y vacunarte contra toda solemnidad. Eran de generaciones distantes: cuando García Márquez ganaba el Nobel de Literatura, Gabazón hacía un postgrado de Rehabilitación Oral en Ohio State University. La primera vez que el paciente visitó la casa de quien iba a ser su compadre, el novelista entró por la puerta principal y salió por la de la cocina para saludar a las muchachas de servicio.
Según el médico, a García Márquez le gustaba repetirle que cada vez que llegaba a Cartagena de Indias era a él al primero que telefoneaba. Desde que lo visitó en su consultorio, la vida del doctor Gabazón sufrió una metamorfosis. El odontólogo era invitado a leer un fragmento de Cien años de soledad en el Museo Naval de Cartagena. Sus amigos le enviaban libros para que García Márquez se los dedicara. Una firma. Un garabato. Por favor. Las señoras le rogaban fotografiarse con él. Una sola vez. Un minuto. Por favor. Los pacientes que llegaban a su consultorio veían, frente al sillón negro donde se acostaban, un cuadro con una fotografía del paciente ilustre y su odontólogo envidiado.
El escritor aparecía recostado en el mismo sillón que ellos y llevaba una camisa negra y las manos tan juntas como si el dentista lo hubiese maniatado. Quienes veían aquel retrato en colores creían que podía ser la travesura de una computadora caribeña, el burdo montaje electrónico de un fanático. Lo cierto es que el cuadro parecía servir al dentista como una primera anestesia para sus pacientes. De un golpe de vista se olvidaban de sus muelas y la mueca de dolor se enderezaba en la pregunta de siempre. ¿Qué hacía García Márquez allí?
El maletín negro
Cinco años después de conocerlo en su consultorio de Cartagena de Indias, el doctor Gabazón abrió ante mí un maletín negro que guardaba bajo una clave de seguridad. Se acababa de mudar con su familia a Tampa, Florida, luego de haber tenido que partir de Colombia, donde él y su esposa eran militantes evangelistas de una comunidad cristiana. Ambos predicaban en barrios populares donde no eran bienvenidos por la guerrilla de ese país. Era una noche de otoño y el dentista vestía una camisa negra poblada de árboles. Estaba de pie, frente a la mesa del comedor de su nueva casa, buscando algo en el maletín que acababa de abrir. Su mudanza a Estados Unidos no terminaba. En el piso, aún había cajas por desempacar. Por debajo de la mesa se paseaba Blackie, un perro pincher en miniatura, de quien el dentista decía que sólo le faltaba hablar. En las paredes colgaban pinturas de su esposa, la artista plástica Ángela Schiappa. En los meses posteriores a su llegada, el doctor Gabazón aún no podía ejercer de odontólogo en Florida. Mientras tanto trabajaba de ceramista dental en un laboratorio de prótesis molares. Se había vuelto un escultor de dientes de porcelana. Ya era la medianoche y el dentista extrajo del maletín una minúscula bolsa de terciopelo azul, parecida a esas donde los joyeros guardan metales preciosos para protegerlos de los rasguños y del maltrato del tiempo. En uno de los cuartos, Jaime Enrique de Jesús, su hijo menor y ahijado del escritor, se había quedado dormido. Había visto una fotografía en la que García Márquez y su mujer estaban con él frente al cura en el instante del bautizo. Entonces era un bebé y ahora tenía siete años. Si le preguntaba sobre su padrino, no recordaría más que lo que sus padres le contaron. Pero esa noche el doctor Gabazón parecía estar dispuesto a mostrarme lo que no me había confiado cinco años atrás, cuando lo conocí en su consultorio de Bocagrande. En esa bolsa de terciopelo azul guardaba un secreto.
No fueron nada novelescas las razones que llevaron a García Márquez al consultorio del doctor Gabazón. Un odontólogo de Bogotá había operado una corrección en la dentadura del escritor y éste le recomendó al ortodoncista Luis Eduardo Botero para que continuase su tratamiento en Cartagena de Indias. Era una operación de rutina con uno de esos especialistas que te enderezan los dientes en mala posición. El ortodoncista devolvió la dentadura del escritor a su sitio pero le diagnosticó un mal periodontal. En buen castellano, un dolor de encías. Era la especialidad del doctor Gabazón. Fue así como aquella tarde de febrero de 1991 descubrió al hijo del telegrafista en la sala de estar de su consultorio de Bocagrande, luego de que éste escribiera los datos de su historia clínica en una ficha de cartón que le había entregado su secretaria Onira Madera.
-Fue como un mandato de Dios -me dijo Gabazón trece años después en su casa de Florida.
Durante las consultas, García Márquez se volvía más terrenal cuando hablaba de política. Un día el dentista se atrevió a comentarle algo sobre Dios.
-Gabo hizo lo que cualquier persona. Dio un muletazo y pasó a otro tema.
El odontólogo entendió que debía evitar asuntos divinos en sus conversaciones con el novelista. Pero había una pregunta metafísica: qué diablos iba a hacer con sus recuerdos cuando Gabriel García Márquez se muriera.
-Uno nunca sabe -me dijo-. Hasta uno se puede morir antes que él.
-Los dentistas no van al Cielo
-Fíjate que yo sí voy -respondió.
No está mal saber que uno va siempre hacia alguna parte. Sentirse un hombre bueno parecía ser la única soberbia en el doctor Gabazón. Tenía apuntada en su historia dental la última vez que atendió a García Márquez: 20 de enero de 1999. Fue un miércoles. El dentista también recordaba haber recibido una llamada telefónica del escritor en diciembre de ese año apocalíptico.
Gabriel García Márquez se iría de Cartagena de Indias al siglo siguiente. Por entonces, un cáncer linfático se asomaba a su vida. Según el dentista, hubo el rumor de que el cantante Julio Iglesias quería comprar la casa del escritor. Antes de mudarse a Estados Unidos, el doctor Gabazón había dejado una carta a uno de los hermanos del escritor con el expreso pedido de que éste la leyese. También, una caja de galletas preparadas por la suegra del dentista. Esa noche de otoño en Florida, cuando el odontólogo estaba a punto de enseñarme lo que guardaba en su maletín negro, el doctor me dijo que aún no recibía respuesta.
El compadre de provincia
No había razones obvias para explicar por qué García Márquez lo eligió su dentista y luego su compadre. El doctor Gabazón era un odontólogo de provincia. En los estantes de su consultorio de Cartagena de Indias no se asomaba ninguna novela, apenas clásicos de la dentadura anglosajona como Periodontal Disease, dolorosa literatura para odontólogos. El doctor Gabazón no había leído la novela Anestesia local, de Günter Grass, ni el cuento “El dentista”, de Alfred Polgar. Tampoco un episodio de Memorias del subsuelo, donde Dostoievski escribe sobre la voluptuosidad de un dolor de muelas. El doctor Gabazón sí había leído el poema “Desiderata”, que por entonces colgaba de una pared del consultorio, por encima de un mueble con enjuagues bucales y dentaduras postizas. Sobre su escritorio había una calavera que nada tenía que ver con Hamlet. Era la escenografía de un sacamuelas, el lugar común de la castración dental.
El doctor Gabazón tenía una teoría elemental: García Márquez lo había elegido su compadre para romper la rutina de famoso. Hablaba del escritor con familiaridad, admiración y sin falsas reverencias. “La gente se olvida de que Gabo es un ser humano.” Pero la gente también se olvidaba de que el dentista era un ser humano y le preguntaba cuánto se le podía cobrar a un compadre así. “¿Podría decir quién le recomendó al doctor? Su fama universal”, había escrito García Márquez en su ficha de paciente.
Las anécdotas
El odontólogo me seguía contando anécdotas del Premio Nobel de Literatura mientras revisaba el maletín donde guardaba sus más íntimos recuerdos. La historia clínica del paciente García Márquez, retratos de familia con García Márquez, recortes de prensa sobre García Márquez, una muela de García Márquez. Sí. El tesoro del dentista era un molar con tres raíces y una incrustación de oro. Sólo de saber que había pertenecido al novelista, aquella muela adquiría una apariencia de ficción y lucía más horrenda en el acto de extraerla de una bolsa de terciopelo. Ver cualquier muela fuera de su boca hace que uno pasee su lengua para verificar si las suyas siguen allí, dispuestas a masticar y morder. El molar de un genio se ve tan espantoso como el de cualquiera y crea la ilusión de que todos somos iguales bajo las tenazas de un dentista. Pero una muela de García Márquez en tus manos es más que eso. Es la historia secreta de una sonrisa.
Desde años atrás en García Márquez ya habitaba cierta inexplicable predilección por el tema dental. Había dedicado algunos episodios de su obra a lo indefenso que uno puede estar ante un dolor de muelas y a la fascinación que puede causar una dentadura. En “Un día de estos”, uno de sus cuentos más memorables, Aurelio Escovar, un dentista sin título, extrae sin anestesia la muela que ha torturado por cinco días a su opositor, el alcalde de un pueblo sin nombre. Por suerte, García Márquez nunca quiso ser alcalde y Gabazón es un odontólogo titulado. Años después, en Cien años de soledad, el novelista escribió un episodio premonitorio de su primera visita al odontólogo: “Vieron [los habitantes de Macondo] un Melquíades juvenil, repuesto, desarrugado, con una dentadura nueva y radiante. Quienes recordaban sus encías destruidas por el escorbuto, sus mejillas flácidas y sus labios marchitos, se estremecieron de pavor ante aquella prueba terminante de los poderes sobrenaturales del gitano“. En resumen, Melquíades terminó sacándose los dientes y envejeciendo de pronto, pero luego se los puso otra vez y sonrió con el poder restaurado de su juventud. El hombre envejece cuando sus dientes no se reponen. García Márquez lo sabía bien. Perder un diente era también una metáfora de la caída del poder. No había sido el primer escritor en fascinarse por las muelas. Joyce y Nabokov habían perdido la dentadura antes de cumplir los cincuenta años y no se ahorraron palabras para retratarlas en sus libros como algo más que un rasgo fisonómico. Martin Amis, otro escritor del club de los desdentados, ensayó en su libro Experiencia una explicación sobre la comunidad de escritores de dientes postizos: “¿Qué más tenían en común Vladimir Nabokov y James Joyce aparte de la pésima dentadura y una soberbia prosa? El exilio y décadas de una precariedad económica cercana a la indigencia. Y una compulsiva tendencia al exceso. Y la desmedida sumisión que merecidamente les inspiraban sus esposas”.
Cualquier parecido con García Márquez era pura coincidencia.
-Es como un Dios de la literatura. Todo el mundo está interesado en cualquier cosa que hace -me dijo el dentista esa noche-. Gabo sabe que yo no puedo esconder lo que pasó entre nosotros.
El último día que lo vio en su consultorio de Cartagena de Indias, el único diente que le faltaba a García Márquez era la muela de juicio. Pero años antes, aquella primera tarde de 1991, en su consultorio de Bocagrande, Gabriel García Márquez tenía una caries y el doctor Gabazón había decidido operar: le inyectó anestesia local, le extrajo un molar, suturó la herida, y tiempo después colocó un implante en su lugar. Según el dentista, el escritor nunca se quejó. Sin embargo, desde esa primera cita hubo una pérdida. En la historia de la literatura, siempre ha sucedido: Homero fue ciego, a Cervantes le faltaba un brazo, García Márquez tenía caries.
-El hilo dental es más importante que el cepillo -me advirtió el doctor Gabazón. Este texto forma parte del libro Elogios criminales (Planeta Perú, Lima, 2009)

3 de diciembre de 2009

Toni Mollà gana el premio de narrativa Ciutat de València 2009

Més enllà de San Francisco, un dietario de viaje por Estados Unidos durante la campaña electoral del actual presidente Barack Obama, del escritor Toni Mollà, ha sido la novela ganadora del Premi Constantí Llombart de narrativa en valenciano. Ayer, el Ayuntamiento de Valencia dio a conocer los nombres de los seis ganadores de los premios literarios Ciutat València 2009.
Entre los galardonados están Daniel de Juan Marco, por su obra El baile de las lagartijas; Juli Capilla por Raspall; Sergio Arlandis por su trabajo de poesía Caso perdido; Daniel Tubau por El problema de la identidad y la autora Marisa Esteban por la obra La muchacha de azul.
La concejal de Acción Cultural, María Irene Beneyto, destacó el esfuerzo de todos los autores y explicó que en esta edición no se ha otorgado el premio de teatro por falta de obras de calidad. Los galardones están dotados con 6.100 euros en la modalidad de poesía y con 12.100 en el resto.

27 de noviembre de 2009

Gaston Leroux


El 'Rouletabille' de Leroux, aguafiestas de lo paranormal

  • Backlist edita dos novelas de misterio del detective francés
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Gaston Leroux (1868-1927) ha pasado a la historia de la literatura por hacer de la Ópera Garnier de París un vasto laberinto de trampillas y subterráneos. Colocó dentro a un lírico monstruo, Erik, el espectro enamorado que ensaya al órgano su 'Don Juan Triunfante'. Savater llamó al autor de 'El fantasma de la ópera' "folletinista prodigioso".
Segundo en celebridad, y parejo al anterior relato en prodigio y folletín, estaría el 'El misterio del cuarto amarillo'. Ahora Backlist lo edita junto con su continuación, 'El perfume de la Dama de Negro'. En el pabellón apartado de un viejo palacete, entre encinas y hojarasca, está el cuarto amarillo, un casillero donde todo un aparatoso cluedo da el pistoletazo de salida. Los periódicos hacen crónica con los interrogantes (que son muchos) y el juez de instrucción abre el caso, por hacer algo.
El inspector Maigret, de Simenon, encontró muchas turbiedades en la provincia, fuera de París. También Joseph Joséphin, alias "Rouletabille", de Leroux, deja las aceras capitalinas alentado por aromas de intriga local y toma un tren para Corbeil. Como en las encrucijadas absurdas de Chesterton, la presentación se impone por su propia estética (estética de crimen). Una estancia sin salidas, un pañuelo manchado de sangre, la señorita Stangerson desfalleciente, y el arma hipotética: un hueso de cordero con usos de piqueta. Después igual todo es postizo, igual alguien miente.
El escenario sin escape para el malo ya se aborda en relatos de Dupin ('Los crímenes de la calle Morgue') y de Holmes ('La aventura de la banda de lunares'). Pero en ambos casos Poe y Conan Doyle se valen de la intervención de animales. El autor parece cubrirse las espaldas de eventuales trucos zoológicos:
"...no vienen a revelar ningún pasadizo practicable, no sólo para un ser humano, sino para cualquier otro ser, si el techo no tiene agujeros, si el suelo no oculta algún subterráneo, ¡habrá que creer en el diablo!"
Así, el enigma del «cuarto maldito», puede recordar más a 'Los crímenes de la viuda roja', de Dickson Carr. Si bien las pesquisas llevan el asunto más allá del escenario. Al entrar por la verja del castillo de Glandier, «Rouletabille», detective aficionado, acepta un duelo de prestigio con con el investigador Frédéric Larsan. El acopio de minucias y las pistas, tan crípticas, están para los dos clarividentes, el resto del cuerpo policial está dormido, ausente de aquellos mágicos jardines de los Stangerson.

Inventario esotérico

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Los personajes son el inventario esóterico de una noche de Walpurgis. Un gato del tamaño de un basset maúlla por todas las noches en el bosque, donde, se dice, está la tumba de Santa Genoveva. Lo llaman "El animalito de Dios". Se habla de fantasmas, se detectan fingimientos, pero para "Rouletabille", reportero y detective, los alcances de su thriller no van más allá de una motita de polvo, una huella de zapato fino junto al estanque con nenúfares, o alguna palabra a destiempo.
Leroux se despliega, al estilo Wilkie Collins, en varios puntos de vista. Se dice que en la resolución, en un tribunal de Versalles, las muchedumbres se agolpan para escuchar al detective como a un oráculo. Le llaman "Rouletabille" por su cabeza redonda y pequeña. Es joven, implacable, racional, y un poco insípido. Volviendo a Savater, dijo de éste que prefigura a Tintín.
Suele ocurrir que el esclarecimiento de los crímenes resulta menos asombroso que su propuesta primera, de ahí que los detectives tengan algo de antipáticos, aguafiestas de lo paranormal. Es el caso. Sobre 'El misterio del cuarto amarillo' pende la congoja de un pasado (¡tan insistente, el pasado!), de un barullo de secretos que sólo se dicen a media voz, ya avanzada la trama. En 'El perfume de la Dama de Negro', la secuela, la autobiografía del reportero de 'Le Matin' cobra más peso, adquiere todo trazas de auténtico melodrama. Decir más sería destripar la fórmula del folletín que se abre con la verja del castillo de Glandier, al abrigo del encinar, con arrullos efectistas de gato místico.

'El misterio del cuarto amarillo', y 'El perfume de la Dama de Negro', de Gaston Leroux. Backlist, 2009. Traducción: J. L. Samo. 432 páginas. 24, 50 euros.

Mariano José De Larra

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En su último año de vida Fígaro, pseudónimo de Larra, pasa de su desapego de sátiro cerebral a la elegía, a la pesadumbre. Muchos ven en los suicidas un curso vocacional de extinción propia, y en su final una acusación generacional e icónica. Larra, como Nerval, se zambulló con 28 años en la boca negra de una pistola de avancarga. "El número 24 me es fatal: si tuviera que probarlo diría que en día 24 nací", dice en 'La Noche buena de 1836'. Un mes antes encuentra que Madrid es un gran sepulcro, adelantándose acaso al millón de cadáveres de Dámaso Alonso.
Y en 'Horas de invierno': "Escribir en Madrid es tomar una apuntación, es escribir un libro de memorias, es realizar un monólogo desesperante y triste para uno solo. Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla...". Cátedra ha dedicado un cofre de dos exhaustivos volúmenes de su Bibliotheca Avrea a sus Obras Completas, con un vientre caudal de memorialismo puro, con esa exégesis de fatalidad que impone la literatura del suicida.
Se trata de la edición más completa del autor. Con su obra no se puede pedir una integridad absoluta, pues muchos de sus artículos anónimos, son inencontrables. El primero de estos sillares de pesada mampostería editorial de Avrea está dedicado a los artículos. Joan Estruch, introductor, lo dice muy claro: "Su gran capacidad para la crítica social contrasta con la pobreza de su poesía sentimental y con la escasa complejidad de sus personajes de ficción".
Su drama 'Macías y su novela 'El doncel de don Enrique el Doliente', tienen un adulterio cortesano, y puede obviarse la trasposición de Dolores de Armijo con la ficticia Elvira. Sus cartas privadas tienen algo de interés para seguir otros derroteros escritos el personaje (porque de Larra importa quizá sobre todo su personaje, su distancia, su desarraigo). Escribe a sus padres desde el extranjero. Prefiere Londres a París, claro que era el París de antes de Haussmann. En ese tiempo de viaje, el célebre crítico teatral se pierde el estreno de 'Don Álvaro o la fuerza del sino'.
Retrato del escritor Mariano José de LarraRetrato del escritor Mariano José de Larra
Como comprobará el curioso, Mariano José de Larra ocupó sobre todo su prosa del día con los espectáculos y la estética. Con la promoción de la novedad de lo de fuera y los bochornos de propuestas más catetas. En sus años fecundos, entre 1833 y 1835 (años de su último nombre, Fígaro), de 170 artículos que escribió, sólo 70 hacían costumbrismo, o ponderaban la oscilante política nacional.
Y el osciló con ella en vida. Pasó del colegio francés de Burdeos a ser partidario del absolutismo fernandino. Con 16 años entró como escribiente en la Junta Reservada de Estado, un organismo que coordinaba la represión contra sociedades secretas y masones. Y sólo por sus contactos y compromiso con la corte consiguió sacar su cuadernillo 'El duende satírico del día', en tiempos de álgida censura. Alaba al gobierno y escribe una oda por el cuarto matrimonio del rey felón, "tú eres rey de paz", le dice entre florilegios.

Fígaro, liberal moderado

En todo caso, sus primeros clásicos llegan después, cuando pasa a ser "El pobrecito hablador" (escribe 'Casarse pronto y mal', 'El castellano viejo', 'Vuelva usted mañana'). De ahí salta a La Revista Española, se convierte en Fígaro. Ganaría 40.000 reales al año (el periodista mejor pagado). Por entonces ya era un liberal moderado, y un dandy. Se mofaba de la vestimenta desfasada de los carlistas (léase 'El hombre menguado').
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Pero Larra queda con el madrileñismo. Con los calaveras que disparan con cerbatana como amazónicos de Montera, con el "castellano viejo". Las mascaradas, las tipologías de la calleja, sus aprensiones y su sarcasmo, el verbo satírico y latino que le asiste (le llamaban Juvenal)... Apuntaló la anatomía de la columna, dignificó el anatema a base de hacerse mala sangre de risa para adentro. Ataca desde su atalaya de bajito misántropo a los funcionarios negligentes, a los policías, a los reglamentos de censura. Ironiza Fígaro: "el hombre ha de ser dócil y sumiso".
Umbral escribe en su monográfico sobre el autor que se adelanta a Camus en sus escritos sobre la pena de muerte, y que es heredero de Baudelaire por dandy y de Quevedo por genio español. Después del levantamiento de La Granja, la existencia se le hizo demasiado inhospitalaria, afanosa de malas circunstancias. Y así, el oropel de sangre romántica. Con esto Buero Vallejo hizo teatro, 'La detonación'.

’Obras Completas I y II’, de Mariano José de Larra. Cátedra, Bibliotheca Avrea, 2009. 1214 y 1199 páginas. 83 euros.

23 de noviembre de 2009

Francis Bacon: El prototipo del artista perturbado

Fotografía a una fotografía del pintor. | Chema ConesaFotografía a una fotografía del pintor. | Chema Conesa
Célebre por sus excesos y sus excentricidades, Francis Bacon pasa por ser el prototipo del artista perturbado e irreverente. En lo que no habían indagado los académicos era en la relación de su obra con sus instintos sadomasoquistas.
Lo ha hecho ahora John Richardson, biógrafo canónico de Picasso y académico de prestigio, que ha desnudado la sexualidad de Bacon en un largo artículo en la 'New York Review of Books', quien afirma que el sadomasoquismo que mostró el pintor Francis Bacon en sus tormentosas relaciones con sus amantes homosexuales subyace en sus mejores obras.
Richardson repasa sus momentos con el pintor británico -al que trató entre los años 50 y 70- e indaga en la sexualidad torturada del artista, cuya raíz adivina en la paliza que su padre le dio cuando un día le encontró en casa vestido de mujer.
Por el artículo desfilan las relaciones de Bacon con sus dos amantes más duraderos: Peter Lacy y George Dyer. El primero lo torturó durante años. Al segundo lo condujo al suicidio.
Que Lacy maltrataba a Bacon ya se sabía. Pero el académico detalla su asalto más sanguinario. Aquel en el que éste arrojó a Bacon por una ventana de vidrio laminado en un estado de frenético alcoholismo. "Su cara estaba tan dañada", recuerda Richardson, "que le tuvieron que volver a poner en su sitio el ojo derecho. Después del incidente, Bacon amaba a Lacy aún más. Y durante semanas no pudo perdonarle a Lucien Freud los reproches a su torturador".
En cuanto a George Dyer, Richardson recuerda la relación tortuosa que mantuvo con Bacon y que desembocó en su suicidio en el lavabo de un hotel parisino en la víspera de la inauguración de la retrospectiva del artista en el Grand Palais de París.
"Bacon solía acosar a George hasta el punto de dejarle en un estado de crisis psicótica", recuerda Richardson. "Luego", añade, "en las primeras horas de la mañana se levantaba y exorcizaba su culpa y su rabia pintando imágenes de su amante".
La tesis del profesor Richardson va más allá de estas y otras anécdotas. Según él, el instinto sadomasoquista fue el motor artístico de Bacon. Cuando desapareció, se esfumó su arte y sus últimas obras fueron irrelevantes.

20 de noviembre de 2009

CRÍTICA: Devorar la vida con glotonería

Las memorias y los cuentos completos de Esther Tusquets revelan su enorme coherencia y su visión crítica de la burguesía catalana, del mundo y de muchos apriorismos establecidos.
 
Leer las primeras páginas:
Esther Tusquets
Cuando se han leído 40 o 50 páginas de Confesiones de una vieja dama indigna es inevitable la sensación de déjà vu: temas como los orígenes de Lumen, los éxitos que significaron Quino y Umberto Eco, el primer encuentro con Ana María Matute o con Miguel Delibes, Carlos Barral y tantos otros ya aparecían en su primer volumen de memorias, Confesiones de una editora poco mentirosa (RqR, 2005). La propia Esther Tusquets explica que le pidieron que ampliara ese primer libro. Lo ha hecho y de qué manera. Ha añadido toda la sal y pimienta que olvidó en el anterior y, lo que es mejor, nos permite conocer a la mujer, a la escritora y a la editora.
Esther ha repetido en diversas ocasiones que es más fácil encontrarla en sus novelas y cuentos que en unas memorias. Por eso la edición de sus cuentos completos, Carta a la madre y cuentos completos, a cargo de Fernando Valls, es una feliz coincidencia para comprender mejor a esta mujer apasionada y heterodoxa. El espléndido prólogo de Valls es un regalo para los lectores interesados. Contribuye a una visión global de la obra y de su autora.
Confesiones de una vieja dama indigna sigue la línea de Habíamos ganado la guerra, su segundo libro de memorias, y mantiene, como sucede en buena parte de su obra, el malestar de su autora respecto al entorno burgués en que nació. Dice ahora como entonces: "Me aceptaran o no en sus filas, yo pertenecía al bando que había perdido la guerra". Pensaba la autora que había escrito un libro provocativo, que iba a molestar a su familia y a provocar la ira de la burguesía barcelonesa. Aparentemente nada de eso sucedió, pero, como anécdota, en un premio literario un miembro del jurado lo rechazó de plano porque Esther tenía un pasado falangista.
Tanto en las memorias como en los cuentos completos así como en buena parte de sus novelas aparece de manera recurrente una visión crítica de la burguesía barcelonesa. Fernando Valls lo explica muy bien: "Como Juan Marsé, la autora se muestra crítica con los suyos, sin mostrarse complaciente con los desfavorecidos y perdedores". No es la única vez que compara a Tusquets con Marsé.
En Confesiones de una vieja dama indigna ocupa un lugar indiscutible la figura de la madre, tan seductora, de la que aprendió lo que aún hoy son sus aficiones preferidas: los animales, los libros, el teatro, el cine, el mar, pero por la que no se sintió querida. Crece la figura del padre, Magín Mestres. Está desde el principio hasta el final en Lumen. Cuando la pelea con Beatriz de Moura, que había entrado en Lumen de la mano de Óscar Tusquets, Esther propuso dividir la editorial, fue Magín quien lo evitó, facilitando los medios económicos para que Óscar y Beatriz montaran Tusquets Editores. El día en que Magín murió empezó el principio del fin de Lumen, que acabó vendida a una multinacional. El enfrentamiento de Esther Tusquets y Rosa Regàs, aficionada a piratear libros, según la autora, es otra de las historias que Esther se había dejado en el tintero.
En otros casos, como el de Carmen Balcells, reduce el espacio que le dedica pero afila la pluma. Le hizo grandes favores, pero también jugarretas inaceptables. Es arbitraria y le cuesta entender su código ético, escribe Esther. La autora tiene una habilidad especial para trazar retratos, algunos muy breves pero todos significativos: Ana María Matute, Nora Catelli, Miguel Delibes, Carlos Barral, Ana María y Terenci Moix, Carme Riera, Gabriel Ferrater, Jaime Salinas, Quino, Carmen Martín Gaite y tantos otros.
Quizá las mejores páginas del libro sean las dedicadas a la reflexión sobre el amor, cómo surge, cómo se acaba, pues siempre tiene fecha de caducidad. Esther, que ha "devorado la vida con glotonería, ávida de todo lo que pudiera ofrecerle", habla con maravillosa naturalidad, desparpajo incluso, de los hombres y de alguna mujer de su vida. El fotógrafo Oriol Maspons, con quien, a sus 24 años, logró por fin perder la virginidad; su primer marido, Jordi Argente, con boda por la iglesia y lista de regalos en la tienda más gauchedivinesca de Barcelona. La autora asegura que se mantuvo en las lindes de la divina izquierda, pero de su libro se desprende que las atravesó en numerosas ocasiones. Su visión es crítica. Esteban Busquets, el padre de sus hijos, con quien vivió siete años; el poeta llamado antes Pedro y ahora Pere, un ser obsesivo, que le dedicó versos que aparecen en el libro; el poeta y editor José Batlló, que llevó su colección de poesía El Bardo a Lumen, "cariñoso y autodestructivo".
Carta a la madre y cuentos completos incluye los siete cuentos de Siete miradas en un mismo paisaje; los ocho de La niña lunática y otros cinco sueltos, entre los que, sorprendentemente, aparece Epílogo triste, un artículo sobre los Maragall, narrado en tercera persona, en el que explica de forma un tanto ambigua los problemas que ella y la historiadora Mercedes Vilanova tuvieron con los Maragall a raíz de la biografía que escribieron del ex presidente catalán. Más explícita es en Confesiones de una vieja dama indigna, en la que acusa de censura moral al entorno de Pasqual Maragall.
La lectura de estos cuentos, en especial de Siete miradas en un mismo paisaje, la más autobiográfica de sus ficciones, y de Confesiones de una vieja dama indigna dan cuenta de la enorme coherencia de la escritora, de su visión crítica de la burguesía catalana, del mundo y de muchos apriorismos establecidos, contra los que se rebela. Acabada la lectura, queda la convicción de la sinceridad de Esther, de la naturalidad con que explica las cosas y, sobre todo, de lo bien que lo cuenta.

YURI HERRERA: Poderosos poetas

Las narrativas sirven para darle sentido a la historia. En México, por ejemplo, si la conquista fue una historia trágica, la independencia la contamos como una épica y el advenimiento de la democracia unas veces como comedia y otras como epopeya. Mirar nuestro devenir en términos poéticos es una manera de entender cómo nos ha pasado el tiempo y de cargar de propósitos el futuro. El éxito de un gobernante depende en buena medida de la narrativa que sepa contar a los ciudadanos. La promesa de aquel culto borracho de que sólo vendrían "sangre, sudor y lágrimas" no evitó que cayeran las bombas nazis, pero sí le dio sentido a la resistencia. Sin embargo, Churchill hay pocos. Lo que abundan son los que no saben contar su historia, tal vez porque no sienten el compromiso de explicar nada. Dentro de la clase política mexicana, el más reciente empobrecimiento de la poesía comenzó, tal vez, a fines de 2005, inmediatamente después de que la policía detuvo a una pareja de secuestradores y liberó a sus prisioneros, y el director de la Agencia Federal de Investigaciones -hoy todopoderoso director de la Secretaría de Seguridad Pública- autorizó que se devolviera a los protagonistas del hecho a la casa de seguridad donde habían ocultado a los cautivos, para que la televisión pudiera transmitir "en tiempo real" la liberación. A pesar de que el montaje fue descubierto de inmediato y de que no sólo fue criticado ferozmente sino que, a la postre, dio argumentos a los abogados defensores de los secuestradores, el uso de este tipo de ficción parece haberse vuelto una costumbre en la vida política mexicana. Es como si uno de estos poetas de gobierno hubiera tropezado con Más allá del bien y del mal y leído: "¿Por qué el mundo que nos concierne en algo no iba a ser ficción?", y entonces haya pensado no que aquello era una diatriba contra Platón, sino un programa de gobierno. Pues lo que se ha hecho recientemente, más que prefigurar poéticamente la historia que realizamos, ha sido privilegiar la ficción televisiva con la esperanza de que la realidad se ajuste a ella. No hablo sólo de ese otro caso patentemente inverosímil, el de un pastor boliviano que, hace unas semanas, secuestró un avión en Cancún con el objetivo de que sobrevolara siete veces la ciudad de México y luego le permitieran hablar con el presidente para alertarlo de que se acercan grandes catástrofes. Pronto se descubrió que ni el tipo iba armado, ni los pasajeros se enteraron de que había un problema, ni era necesario que docenas de agentes "asaltaran" el avión cuando ya había sido desalojado todo el mundo; mas para entonces ya se había transmitido en directo, desde un sitio a un centenar de metros del avión, la heroica hazaña que sucedió, cuán oportunamente, justo después del anuncio de nuevos impuestos. Hablo también de la narrativa que el gobierno se cuenta a sí mismo con una serie de gestos y declaraciones: la reinstauración del besamanos priísta el día del informe de gobierno, en Palacio Nacional, ya sin el estorbo de diputados opositores que pudieran perturbar el autoengaño; o las declaraciones de algunos secretarios de Estado, que serían risibles de no ser porque quienes las dicen actúan como si tuvieran sustento en el mundo real: "La guerra se está ganando". "La crisis económica será sólo un catarrito". "El nuevo impuesto no va a afectar a los pobres". La ficción ayuda a decir la verdad cuando desborda los clichés y las fórmulas maniqueas que hacen del mundo un lugar simple. Y sirve, si acaso -parafraseo a Harold Bloom-, para conocernos mejor a nosotros mismos, no por lo que diga, sino en virtud del ejercicio intelectual que propone al narrar complejamente la condición humana: en última instancia, hacernos responsables de nuestros horrores y virtudes. Pero responsabilidad es una palabra vedada entre los poderosos poetas. Satisfechos con su ficción televisiva, deben encerrarse en un cuarto limpio y bien iluminado en el que, mientras el país se desmorona, ellos se repiten: "Sí, todo tiene sentido".

19 de noviembre de 2009

National Book Award 2009

Los autores Colum McCann, T.J. Stiles y Keith Waldrop recibieron el National Book Award 2009, el premio nacional de la literatura de EU, en sus categorías de ficción, no ficción y poesía, en tanto que Gore Vidal recibió una medalla honoraria por su contribución al mundo de las letras de este país.
La organización informó en su página web que para elegir los premios de esta 60 edición, 193 editoriales sometieron a evaluación mil 129 libros, de los que 236 eran de ficción, 481 de no ficción, 161 de poesía y 251 de literatura infantil y juvenil.
En la categoría de ficción, Colum McCann recibió el premio de las letras estadounidenses por su “Let the Great World Spin”, siendo también finalistas Bonnie Jo Campbell (”American Salvage”), Daniyal Mueenuddin (”In Other Rooms, Other Wonders”), Jayne Anne Phillips (”Lark and Termite”) y Marcel Theroux (”Far North”).
La novela del ganador McCann, profesor en el Hunter College de Manhattan, transcurre en esta misma ciudad y según sus propias palabras, en una entrevista colgada en la página web de los premios, la escribió como “respuesta práctica” a lo que le ocurrió “después (de los ataques terroristas) del 11 de septiembre (de 2001), aunque (la obra) transcurra en 1974″.
En no ficción, el ganador fue T.J. Stiles, por la biografía titulada “The First Tycoon: The Epic Life of Cornelius Vanderbilt”, que compitió con David Carroll (”Following the Water: A Hydromancer’s Notebook”), y Sean Carroll (”Remarkable Creatures: Epic Adventures in the Search for the Origins of Species”).
El ganador del premio de poesía del National Books Awards fue Keith Waldrop, por “Transcendental Studies: A Trilogy”, y los finalistas, Rae Armantrout (”Versed”), Ann Lauterbach (”Or to Begin Again”), Carl Phillips (”Speak Low”) y Lyrae Van Clief-Stefanon (”Open Interval”).
Gore Vidal, de 84 años, recibió la medalla honoraria de la organización por su aportación a la literatura estadounidense.
En la categoría de literatura juvenil, el prestigioso galardón fue para Phillip Hoose por su “Claudette Colvin: Twice Toward Justice”.

15 de noviembre de 2009

REPORTAJE: LUCHA POR LEGADO DE KAFKA

El legado de Kafka

Traiciones, contrabandos frustrados y exitosos, amoríos ocultos, testamentos violados. Subastas que proporcionaron pingües beneficios a una mujer codiciosa, Esther Hoffe, la depositaria de los papeles ocultos de Kafka. Demandas judiciales del Estado sionista contra Hoffe, broncas a gritos en el tribunal para reclamar la entrega del preciado tesoro. Y para rematar la faena, una disputa soterrada entre Alemania e Israel por ese archivo secreto y por el manuscrito de El proceso, la emblemática novela del escritor checo. Son los ingredientes de esta historia rocambolesca, en ocasiones kafkiana, plagada de intrigas. ¿Y todo este lío, para adueñarse de qué? Ésa es la gran incógnita.
Dos ancianas israelíes, Ruth y Eva Hoffe, conocen el contenido del archivo oculto de Kafka. En estos días esperan a que la justicia israelí les permita recuperar los preciados papeles que su madre, Esther, recibió del albacea de Kafka.
Esther Hoffe, que falleció en 2007 a los 102 años, fue secretaria e íntima amiga de Max Brod, el agente literario que recopiló los manuscritos del genial escritor checo y los trasladó a Israel en su apresurada escapada de los nazis. Hoffe heredó su archivo, que incluye papeles de Kafka. Un archivo que fue vendiendo por entregas, pero cuya mayor parte está celosamente guardada en cinco cajas fuertes de un banco. Dicen que una parte estuvo durante un tiempo en la apestosa vivienda de Eva Hoffe. Bajo la ventana enrejada del apartamento 1 del número 23 de la calle de Espinosa, en Tel Aviv, lo que hay es platos repletos de comida para gatos.
El peregrinar del codiciado tesoro comienza con la muerte del enfermizo autor, el 3 de junio de 1924. Kafka dejó escrito a su gran amigo Brod: "Querido Max. Mi última petición: todo lo que dejo debe ser quemado sin ser leído...". Brod desobedeció. Una traición de la que el mundo obtuvo gran provecho. De haber cumplido el deseo póstumo, nadie habría leído nunca El proceso, El castillo o América. Publicó las obras y en 1939, cuando el Ejército de Hitler invadía Praga, el agente literario, fervoroso sionista, emigró a Tel Aviv. En la ciudad mediterránea falleció su esposa, en 1942, y a partir de ese instante entra en escena Esther Hoffe para convertirse en la más dura guardiana de los papeles. Desde entonces, sólo algún investigador tuvo acceso a los documentos. Y a veces con nocturnidad, porque Brod tenía que eludir la vigilancia de Esther.
El legado de Kafka comenzó a desmembrarse paulatinamente en vida de Brod, que al menos se preocupaba por su conservación. En 1956 envió a Suiza los manuscritos de las tres famosas novelas: la guerra -la campaña de Suez- amenazaba con extenderse por Oriente Próximo. Años más tarde, los manuscritos de América y de El castillo viajarían, donados, a la Universidad de Oxford. Allí permanecen hoy por hoy. Sin embargo, El proceso siguió bajo su custodia hasta su muerte, en 1968. Es ésta la fecha en que arranca el incesante trasiego y mercadeo de los papeles de Kafka.
Por mucho que el testamento de Brod permitiera a Esther Hoffe gestionar los documentos del difunto y de Kafka, una precisión era explícita: los papeles debían ser entregados "a la Biblioteca Nacional de Jerusalén, a la Biblioteca Municipal de Tel Aviv o a otro archivo público en Israel o en el extranjero". Los alemanes sostienen que tanto Brod como Hoffe mencionaron el Archivo de Literatura Alemana de Marbach como uno de los destinos para los papeles.
Al pasar de Brod a Hoffe, el preciado patrimonio deja de estar en manos de un hombre erudito para convertirse en potencial negocio para la ambiciosa Hoffe. Los documentos comienzan a ser vendidos al mejor postor. "Durante años, cartas del legado de Brod aparecen en subastas en Europa. La identidad del vendedor, como es costumbre, no es revelada, pero las evidencias apuntan a Esther Hoffe", asegura Ofer Aderet, el periodista de Haaretz que persigue el rastro de ese patrimonio cultural. Las últimas evidencias del desmembramiento: en 2006 se subasta una carta de Kafka a Brod por 60.000 euros; en 2008, cartas de amor del escritor checo se venden por 25.000 euros.
Las trampas de Hoffe no eran cosa nueva. En 1974, fue pillada in fraganti en el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv cuando intentaba volar a Suiza con manuscritos de Brod y correspondencia del venerado escritor checo. El desprecio a la legalidad ha sido nota distintiva de Esther. La Ley de Archivos del Estado prohíbe el contrabando de documentos valiosos sin depositar previamente una copia. Hoffe y las autoridades israelíes llegaron a un acuerdo para fotocopiar el legado, pero la mujer nunca cumplió su compromiso y sólo una pequeña porción fue fotocopiada. También se las apañó para violar, en la década de los ochenta, el pacto que suscribió para traspasar el tesoro de Brod a la Biblioteca Nacional.
Esther Hoffe se hizo rica. La joya más preciada de la herencia, el original de El proceso, reposa hoy en el Archivo de Literatura Alemana de Marbach. Batió el récord mundial del precio abonado en una puja por un manuscrito: Sotheby's lo adjudicó por 1,98 millones de dólares (1,32 millones de euros) en 1998.
Las peripecias y los detalles del legado se van conociendo poco a poco, después de que el diario Haaretz lograra que se levantara la censura que se impone sobre tantos asuntos en Israel. Así rezaba el testamento de Esther, redactado en 1970: "Los borradores, las cartas y los dibujos de Kafka que me fueron donados por Max Brod los cedí a mis dos hijas en porciones iguales. Los libros de Kafka de la biblioteca de Brod permanecen en posesión de mis dos hijas. Cada una de mis hijas y mis nietas tienen derecho a recibir 40 cartas del legado de Brod".
No parece que vaya a ser así. Un tribunal de Tel Aviv congeló a finales de octubre millonarias cuentas corrientes de las Hoffe y ordenó la entrega de las llaves de las cinco cajas fuertes bancarias. Allí se conserva el legado para los albaceas que designe la justicia. "El testamento de Esther", apunta Oderet, "es ilegal porque no podía legar a sus hijas los documentos, ya que incumplió la voluntad de Brod de donarlos a una institución pública".
¿Cuál es el contenido del patrimonio? Nurit Pagi está escribiendo una tesis doctoral sobre el legado del agente literario checo. "Brod", explica a este diario, "era un escritor obsesivo. Siempre escribió un diario, por lo que supongo que en ese archivo se pueden hallar los diarios que comenzó al menos desde 1939, el año en que emigró a Palestina, si no antes. Podremos encontrar correspondencia de personalidades bien conocidas de la cultura de su época y notas sobre sus proyectos nunca realizados. Estoy segura de que en la maleta que se llevó desde Praga conservó dibujos de Kafka, sus trabajos literarios originales, cartas y quizá esquemas preliminares de sus futuras novelas".
Desde Praga, el profesor Josep Cermak, gran experto checo en Kafka, considera que lo más importante es poner a disposición de los estudiosos esos diarios de Brod. "Aportarán información sobre principios del siglo pasado, la época de Kafka en la que hay más lagunas", explica. Brod y Kafka tuvieron una relación muy honesta, cuenta. Y asegura que esos diarios y esa correspondencia secreta desvelarán nuevos detalles de la "vida erótica" de ambos personajes. Ulrich von Büllow, jefe de departamento del Archivo de Literatura Alemana de Marbach, señala que es posible que también haya fotografías del escritor checo. Y debe de estar, según cuenta en conversación telefónica, el manuscrito de una de las novelas inacabadas de Kafka, Preparativos de una boda en el campo. "La familia Hoffe dispone de grandes tesoros", resume Cermak, que lleva 45 años estudiando al autor de La metamorfosis.
El contenido del legado de Brod podría haberse conocido si Esther Hoffe hubiera cumplido su acuerdo con una editorial suiza, a la que estafó, en la década de los ochenta. La empresa pagó una suma millonaria por los diarios de Brod. Esther jamás los entregó.
El serial sobre el destino final del legado de Brod se complica ahora por la disputa entre instituciones israelíes y alemanas por el manuscrito de El proceso, que el Archivo de Marbach adquirió en Sotheby's en 1988. Meir Heller, abogado de la Biblioteca Nacional de Israel, defiende el retorno a Jerusalén del texto original. "La Biblioteca Nacional no ignora el hecho de que el Archivo de Marbach debería ser compensado por el dinero que pagó a Hoffe", afirma Heller, que considera la dispersión de la obra de Kafka un "error histórico". "La Biblioteca Nacional de Israel, que es también la biblioteca del pueblo judío, entiende que Brod pide en su testamento que los documentos deberían depositarse en un archivo público, y el nombre de la Biblioteca Nacional es su primera opción", añade el letrado. Heller explica haber llegado a un pacto de silencio con las autoridades alemanas para no perjudicar la negociación.
El enfrentamiento entre ambas instituciones se suavizó el pasado 22 de octubre, cuando Ulrich Raulff, director del Archivo de Literatura Alemana de Marbach, dirigió una carta a su homólogo en la Biblioteca Nacional Israelí para abrir la puerta al diálogo. En su respuesta del 28 de octubre, el israelí Shmuel Har Noy se alegraba de que los alemanes acepten el veredicto de la justicia israelí y estuvieran dispuestos a dialogar "en vez de que el asunto sea resuelto en los medios", según reza textualmente esa carta, a la que ha tenido acceso EL PAÍS.
El periodista Ofer Oderet intenta explicar la posición de la parte israelí: "La Biblioteca Nacional considera que Brod era judío y sionista, y que si no hubiera emigrado a Israel habría sido trasladado a Auschwitz. Es un escritor judío que escapó del Holocausto, por eso lo consideran parte de la cultura judía. En su opinión, no es un escritor alemán, sino israelí. Éste es un argumento moral, no legal. La Biblioteca también estima que Brod designó en primer lugar Jerusalén como destino de la obra de Kafka; después, Tel Aviv, y en tercer lugar, un archivo público en el extranjero, y alega que es ilegal traficar con documentos de gran significado para el pueblo judío o el Estado de Israel".
Los alemanes reclaman que Brod y Kafka escribían en alemán, y no en hebreo, que son parte de la cultura alemana, no de la hebrea. Ulrich Raulff, director del Archivo de Marbach, considerado el más importante de Europa central, lo tiene muy claro: "No hay posibilidad alguna de que devolvamos el manuscrito de El proceso", afirma en conversación telefónica desde Marbach. Considera que la compra del original en la subasta de Sotheby's no pudo ser más transparente. "El manuscrito estuvo expuesto durante semanas, hicimos una compra ante los ojos de la opinión pública mundial. Si nadie discutió la legitimidad de aquella compra entonces, no comprendo por qué se cuestiona ahora". Raulff considera que Esther Hoffe, como legítima propietaria del legado, tenía derecho a vender el manuscrito. En términos legales, estima que aquella operación fue nítida. "La parte israelí a veces confunde los términos legales de esta cuestión con el aspecto moral o histórico". Otra cosa es la cuestión del legado de Max Brod, cuyo control las hermanas Hoffe esperan recobrar en cuanto se produzca el fallo de la justicia israelí. En este campo, Ulrich Raulff se muestra flexible. "Creemos en la independencia de los tribunales israelíes. Si aceptan que las hermanas Hoffe puedan disponer del legado y ellas nos lo quieren vender, estaremos en disposición de comprar".
Las hermanas Hoffe tienen una relación muy fluida con Marbach. Suele ser Eva la que habla con Raulff. "Hablé hace poco con ella. Creo que las hermanas estarían dispuestas a vendernos los papeles, y nosotros aceptaríamos que se entregaran copias a la Biblioteca Nacional israelí".
El jefe del archivo en Marbach, Ulrich von Bülow, destaca que están interesados en todos los papeles que hay de Kafka a lo largo y ancho del mundo. "Pero no para quedarnos mirándolos. Para que investigadores y estudiosos los puedan consultar", puntualiza. En este sentido, Cermak, el experto checo que publicó esta misma semana La lucha que supone escribir, su cuarto libro sobre Kafka, considera que el archivo alemán es un destino excelente para los archivos de Brod y Kafka: "Como profesional, creo que deben estar en los mejores archivos. Y Marbach es el mejor archivo de Europa central. El mejor y el más rico: son capaces de comprar a precios muy altos".
Marbach posee 1.200 legados de literatura en alemán del siglo XX. Es el segundo archivo que más documentos de Kafka posee tras la biblioteca Bodleiana de Oxford.
Marieta Malisova, directora de la Franz Kafka Society, confiesa desde Praga que a ella le gustaría que los papeles estuvieran allí: "Él pasó toda su vida en Praga. Lo mejor sería que los papeles volvieran aquí".
Sospechan los expertos que los documentos pueden haber sido dañados. Es posible que durante largo tiempo hayan sufrido condiciones pésimas de conservación. Los gatos siguen acudiendo puntuales a su cita en el apartamento de Eva Hoffe, que llena religiosamente sus platos de comida. Ésa es una de las obsesiones de esta mujer. Otra: el celo por esconder los documentos y sacar tajada. Sus vecinos ni siquiera saben si reside en esa vivienda. "Sólo viene a dar de comer a los gatos", comenta escueto el anciano Dov Avner, que se lleva una mano a la nariz. "Nos mantenemos alejados de ella. Nos crea muchos problemas. La odio", comenta otro hombre que reside en el inmueble desde hace 40 años.
"Existe el riesgo de que desaparezca el legado de Kafka", concluye Aderet. "Se ignora si Eva Hoffe posee los papeles y en qué estado se hallan. Es importante que se conserven en un archivo público. No importa que sea en Alemania".
El culebrón de los papeles secretos de Kafka sigue vivo. Para enero se espera una resolución de la justicia israelí que desatasque la situación. Entonces se empezará a conocer el contenido de ese tesoro que vive atrapado en un proceso kafkiano.