21 de noviembre de 2009

Matthew Pearl acaba de publicar su libro 'El último Dickens'.






La vida literaria del siglo XIX se convirtió en una especie de obsesión para el joven escritor neoyorquino Matthew Pearl (1975). Una extraña combinación de varios factores parece ser la causante de este embrujo, que lo ha llevado a dedicarle ya tres libros: 'El club Dante' (2003), 'La sombra de Poe' (2006) y 'El último Dickens', que por estos días llega a las librerías del país.

Desde su estudio en Boston (E.U.), Peal le contó a EL TIEMPO que todo comenzó a los 15 años, cuando resultó cautivado con la lectura de las obras de Edgar Allan Poe, Charles Dickens, Herman Melville, William Faulkner y James Joyce, entre otros. "Al principio me sentía perdido en varias de las lecturas -dice-, pero la pasión por entenderlos, creo que me hizo un mejor lector".
 
A esta afición se sumó, luego, su traslado a esa antigua ciudad para estudiar literatura inglesa y norteamericana en la Universidad de Harvard.

De seguro, todo ese imaginario (misterioso, oscuro y victoriano) que traía en su mente desde la juventud se le hizo más vivo al llegar a la vieja capital del estado de Massachusetts, cuyo ambiente de corte londinense suele diferenciarse del prototipo común urbano estadounidense.

En medio de los jardines universitarios y de sus caminatas por Harvad Square, a pocas cuadras de la emblemática casa del poeta Henry Wadsworth Longfellow, Pearl dio vida a su primera novela 'El Club Dante' (2003), que lo catapultó a la fama, al superar el millón de ejemplares vendidos en inglés, y convertirlo en "la nueva estrella deslumbrante de la ficción literaria", como lo calificó su colega Dan Brown.

Las escenas de la novela, precisamente, se suceden en la Boston de 1865, en donde comienzan a ocurrir una serie de asesinatos brutales, inspirados en el infierno de Dante. Y son los miembros del denominado club Dante (grupo de poetas y profesores de Harvard -liderados por Longfellow-), quienes logran descubrir al asesino.

- El misterio parece ser otra de las fuerzas que los inspira para escribir...

- Hay algo que nos hace despertar siempre en medio del misterio. Creo que él es el que nos inspira a la acción, bien sea como lectores o como escritores. Y eso nos ubica como partícipes y no solo como observadores.

El encanto de Dickens y Poe

Luego de su primer libro, que Pearl acepta haber escrito en un momento particular en el que luchaba por hacer de la literatura parte esencial de su vida, vinieron las novelas 'La sombra de Poe' y 'El último Dickens', que le permitieron desmitificar, a través de la figura de la muerte, a esos seres entrañables cuya obra tanto le había impactado.

"A veces suele ser muy difícil reconciliar nuestra idealización por los clásicos de la literatura con el hecho de que ellos también fueron seres humanos como nosotros. Pero la muerte nos humaniza a todos, hasta a Dickens o a Poe. Y tal vez su muerte nos da la oportunidad de conocerlos mejor y pensar en ellos como un nuevo faro", explica el escritor.

Para lograrlo, apeló a esa pasión por recolectar datos curiosos de la historia de la literatura, que le han ayudado a atrapar la atención de lectores y alumnos, en las cátedras de literatura y escritura creativa que ha impartido en Harvard y en Emerson College.

"Confieso que escribo mis libros de una manera un tanto egoísta; pues son exactamente los libros que me gustaría encontrar en la estantería de una librería. Y creo que soy afortunado de contar con lectores que comparten los mismos intereses", agrega el autor, al hacer alusión a los dos grandes enigmas de la literatura que aborda en sus otras dos novelas.

En 'La sombra de Poe', el joven abogado Quentin Clark se da a la tarea de restituir la buena reputación del escritor Edgar Allan Poe, luego de ser enterrado en una tumba sin nombre, en 1849, en la ciudad de Baltimore (E.U.). Tanto la prensa como los mismos familiares atribuyeron, en su momento, el triste final del autor de 'El gato negro' a su condición de borracho.

Por su parte, en su novela más reciente ('El último Dickens'), el escritor revive lo ocurrido con la famosa novela inconclusa de Charles Dickens ('El misterio de Edwin Drood'), luego de su muerte en 1870, cuando se encontraba en la cúspide de la fama y de su carrera literaria.

Este suceso desencadenó una serie de asesinatos y codicias de las editoriales de la época por apoderarse de los primeros seis capítulos que Dickens ya había sacado por entregas, para ser publicados en forma de libro. El autor había anunciado que la novela tendría 12 capítulos.

- ¿Cuál es el encanto que le genera Dickens?

- Las novelas de Dickens te hacen sentir dentro de la historia, no importa quién seas o cuál sea tu condición. Creo que si lo hubiera conocido habría tenido la misma sensación. Estar en un cuarto con Dickens te habría hecho sentir como la persona más importante en el mundo, incluso si esa sensación terminara en el momento en que él volteara la mirada.

- ¿Y el de Poe?

- Poe fue el tipo de escritor y persona que parecía llevarte con sus pensamientos a lugares a los que nunca podrías ir. Inspiraba curiosidad y se convertía en un desafío para comprenderlo. Al mismo tiempo, él se sentía profundamente alienado por la mayor parte del mundo. Era una persona triste de muchas maneras.

A pesar de su rigurosa preparación, Pearl se considera un joven común y corriente. A primera vista, parecería ser un estudiante más de una maestría de derecho en Harvard, que en sus ratos libres se ofrece como voluntario en un refugio para animales sin hogar a los que intenta buscarles uno sustituto.

Aunque prefiere la música de finales de los 60 y principios de los 70 (The Beatles, Rolling Stones y Bob Dylan), le sigue el rastro a los de su generación. "A lo mejor algunos de mis seguidores se sorprenderán, pero también me encantan Shakira y Pink. Creo que cuentan buenas historias en sus canciones", confiesa.

En su novela más reciente, Pearl también hace un retrato de la sociedad de finales del siglo XIX, en la que, mientras la mujer hacía su tímido ingreso a la fuerza laboral y se revelaba contra el machismo, las editoriales se declaraban la guerra a muerte por apoderarse de las grandes firmas.

"Creo que la edición es un negocio de ritual y tradición. Y espero que la manera como lo retraté, dentro del siglo XIX, nos ayude a comprender que este es también un negocio de coraje y riesgo. Una lección para aplicar hacia el futuro, en el que tendremos que enfrentar los desafíos tecnológicos que se avecinan en el sector".

Y aunque, el escritor estadounidense comentó que su próximo libro será el primero en el que no abordará algún enigma de la historia de la literatura, acepta que el fantasma del siglo XIX seguirá paseándose por sus páginas, pues la trama se desarrolla en la Boston de esa época.

"Luego de este libro, planeo escribir otros dos de la serie de 'El club Dante'. Si en el primero abordé el infierno, siento que hay otros dos aspectos (el cielo y el purgatorio) de la vida después de la vida que me interesa explorar", concluye.

'El cónsul de Sodoma'

El poeta y la nalga del filipino

Jaime Gil de Biedma
"Mucho sexo y poca pérgola". Así sintetizó un espectador la película El cónsul de Sodoma, sobre el poeta Jaime Gil de Biedma, en cómplice alusión a los inolvidables versos de Infancia y confesiones -"Yo nací (perdonadme) / en la edad de la pérgola y el tenis"-. El biopic se estrena el próximo día 27 pero se han realizado ya varias proyecciones privadas a las que han asistido personas relacionadas con el escritor. "Hemos salido indemnes", señaló tras uno de los pases el editor Jorge Herralde.
El filme, basado en la biografía de Gil de Biedma escrita por Miguel Dalmau (Circe, 2004), que ya levantó polémica al airear aspectos escabrosos de la animada vida erótica del poeta, es bastante fiel a la misma e incluye imágenes de sexo explícitas, desde luego no aptas para mojigatos. En un momento de la película, Bimba Bosé, que encarna improbablemente a Isabel Gil Moreno de Mora, Bel, que fue amante de Gil de Biedma pese a las inclinaciones homosexuales de éste, aparece desnuda en toda su dimensión, que es mucha, mientras el poeta (Jordi Mollà) se desliza hasta su pubis con generosa intención. La escena, sin tanto detalle (simplemente que hicieron el amor "de manera memorable" cuando ella tenía el periodo), la recoge Dalmau en su libro, contada, dice, por el propio Gil de Biedma. "Desde luego, no me parece de lo más interesante de la vida de mi tío como para seleccionarlo al hacer una película sobre él", reflexiona amargamente Jacobo, uno de los sobrinos del escritor, que añade que éste "era muy pudoroso" y habría abominado de un filme que aireara su vida íntima. En abierto contraste, el director, Sigfrid Monleón, señala: "He querido hacer la película en la que él se hubiera encontrado a gusto como personaje, de la manera en la que él hubiera querido verse en pantalla, como la Dietrich en una película de Sternberg". Monleón consideró que "el verdadero guión de la película es la poesía de Gil de Biedma". En las imágenes pueden verse calentones, orgías con marineros, pedicaciones varias, sexos masculinos al alza. No parece precisamente sutil mostrar el gusto del poeta por la canción francesa exhibiéndolo mientras, ejem, se corre al son de Les feuilles mortes. En algunos momentos, sin embargo, la película es muy lírica, y llega a representar con acierto el mundo vital y literario del escritor, como cuando el poeta aplasta su cigarrillo contra su imagen en el espejo del ascensor al regresar de una noche de alcohol, sexo y ceniceros sucios, mientras se escucha en off el poema Contra Jaime Gil de Biedma, claro.
Ese recurso, la lectura de los maravillosos versos del autor a lo largo del filme, le confiere a éste en momentos una hondura conmovedora (el Himno a la juventud mientras la lolita Yvonette Barral baila el twist en la playa; No volveré a ser joven tras la paliza de su amante gitano en Ultramort).
La película, que abarca el tiempo comprendido entre la publicación del primer poemario del poeta y la última etapa de su vida, enfermo ya del sida que le mataría en enero de 1990, arranca en Manila en 1959, adonde Gil de Biedma viajaba en razón de su cargo en Tabacos de Filipinas. De esmoquin blanco, en una fiesta, mientras lanza miradas depredadoras a los camareros filipinos, alguien le pregunta: "¿Y ahora qué, Jaime?". Y él contesta: "Ahora todo", que es un verdadero programa hedonista. En la escena siguiente, está en un tugurio en el que se exhibe sexo en vivo. Luego sigue a un joven filipino hasta un cuchitril sórdido y tras despojarlo del calzoncillo (la prenda recurrente en el filme es de modelo Ocean y no Calvin Klein) y acariciarle una nalga lo posee en un jergón. Mollà interpreta a un Gil de Biedma introvertido, algo soñador y más bien delicado. Da bien la parte frágil, pero está lejos del aspecto externo vigoroso, recio, macho, incluso brutote, del poeta real.
La película continúa en Barcelona con los problemas de encaje del escritor en su familia y en la sociedad franquista: dos miembros de la brigada político-social le amenazan por "maricón" y compañero de viaje de los comunistas (que no le dejarán afiliarse, no por el blazer y el descapotable sino por su homosexualidad). Carlos Barral, con la icónica barba, y un Juan Marsé sorprendentemente blando, aparecen durante toda la película como dos de sus mejores amigos. Las conversaciones literarias suenan forzadas y son de lo menos creíble del filme. Uno de los pasatiempos que ofrece éste es comparar a los actores con los personajes reales que interpretan: Colita, Oriol Regàs, Pep Madern... Otro es contemplar los escenarios de la época: desde el piso de la familia Gil de Biedma hasta Flash-Flash y Bocaccio.
Dentro del clima dramático destacan algunos momentos humorísticos: la sesión fotográfica para la portada de Últimas tardes con Teresa. Al decir de los que le conocieron bien, algunas escenas son imposibles: las que habla con su padre sobre su homosexualidad o cuando éste va a visitarle y lo encuentra con un negrazo desnudo. También es discutible la secuencia de la muerte de Bel en 1968 al arrastrar su coche una riada: la película sugiere un suicidio. Fiel a su manera de contar la vida de Gil de Biedma, El cónsul de Sodoma se cierra con el poeta enfermo sentado en una cama viendo bailar ante él a un joven chapero desnudo al son de You are always in my mind.

ENTREVISTA: MANUEL GUTIÉRREZ ARAGÓN

"Me atraía escribir sobre lo que el terror tiene de humillación"

Manuel Gutiérrez Aragón
A los 66 años anunció que se retiraba del cine tras casi cuatro décadas en el oficio. Un año después, el director de 'Demonios en el jardín' publica su primera novela, 'La vida antes de marzo', con la que ganó el último Premio Herralde
Hay gente que ha nacido de pie, otros, atravesados, y otros, aún no saben por qué han nacido. Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, 1942) es de los primeros. Ha realizado 17 largometrajes, adaptó el Quijote para una serie de televisión, ha escrito varios guiones para otros directores y ha dirigido alguna obra de teatro. También ha sido militante del Partido Comunista hasta que se legalizó en abril de 1977. En Viérnoles (Cantabria), el Instituto de Enseñanza Superior lleva su nombre. A los 66 años anunció que se retiraba del cine. Un año después escribe su primera novela, La vida antes de marzo, con la que acaba de obtener el Premio Herralde de Novela (Anagrama). Es, probablemente, uno de los autores debutantes de mayor edad y está encantado de la experiencia.
Pregunta. Su última película, Todos están invitados, muestra la cobardía de la sociedad civil vasca ante el terror impuesto por ETA. En su primera novela, La vida antes de marzo, el brutal atentado del 11-M, sin ser protagonista de la trama sí tiene una cierta importancia en la misma. ¿Le obsesiona el terrorismo?
Respuesta. Todos estamos invitados se hizo como una especie de deber cívico, para que constara un determinado testimonio y una postura ante un terrorismo muy conocido, como es el de ETA y el silencio que la rodea. En realidad, es desagradable filmar o escribir cosas sobre el terrorismo. Ya tenemos bastante con las informaciones de la televisión o los periódicos. ¿Por qué, además, hacer ficción sobre ello? No tengo una respuesta muy clara... pero, desde luego, no me voy a especializar en un tema que, en el fondo, me repugna.
P. Pese a todo, el 11-M es importante en la trama.
R. Bueno, el 11-M aparece muy al final. No puede considerarse que sea una novela sobre el 11- M. Aquí es un mero instrumento narrativo.
P. ¿Y qué le atraía del tema?
R. En el caso de La vida antes de marzo me atraía escribir sobre lo que el terror tiene también de humillación. Naturalmente, lo peor es la pérdida de la vida. Pero también conlleva una especie de vergüenza por el género humano al que pertenecemos. También me interesaba contar lo inesperado del suceso. El mal estaba llamando a la puerta y nosotros hemos abierto.
P. ¿Cuál fue el origen de la historia?
R. Creo que primero fue el marco y luego el cuadro. Yo viajo bastante, y en esos viajes bebo en abundancia, cosa que no suelo hacer en estado sedentario. A veces te encuentras con desconocidos compañeros que, para quitarse el miedo a volar o porque se aburren, te sueltan, también bebidos, cosas que nunca han contado. En las largas travesías aéreas escuchas a médicos que te hablan de enfermedades mantenidas en secreto por los Gobiernos, a mujeres bellísimas que narran tranquilamente sus adulterios o a empleados de grandes bancos que confiesan las abominaciones que realizan por orden de sus jefes... A veces, el viaje es el relato y el relato es el viaje. Hay una relación directa entre un viaje y un relato oral. Así que lo primero que me vino a la cabeza fue una narración que dura lo que el recorrido de un tren. En este caso, desde Bagdad -origen de cuentos maravillosos- a una ciudad atlántica, Lisboa, un finisterre donde todo acaba y todo puede volver a empezar.
P. Lo que resulta infrecuente es que usted decidiera escribir su primera novela cuando, a una edad tardía, anunció que se retiraba de la profesión del cine, oficio al que dedicó casi 40 años.
R. Nunca he querido ser un escritor ocasional, como tampoco hubiera querido ser un director de cine ocasional. O lo uno o lo otro. Se es escritor de noche y de día, dormido o despierto, cuando estás escribiendo y también cuando estás regando las plantas. Y lo mismo ocurre cuando eres director de cine. Así que hasta que no dejé lo uno no emprendí lo otro. Cuando de la editorial Anagrama me pidieron información para la solapa -la filmografía, claro, porque bibliografía propia no hay- propuse los datos de lo que yo sería ahora si hubiera seguido mi dedicación primera: escritor y profesor. Algo así como: "Profesor de Filosofía en Villarrubia de los Montes, tiene una obra sobre los amores juveniles de Menéndez Pelayo y otra sobre el primer Unamuno y el último Hegel. No se le debe confundir con su primo, el director de cine del mismo nombre". Pero Herralde no quiso, claro. Como se ve, prefiero ser dos personas distintas que un solo Gutiérrez verdadero.
P. ¿Le resultó muy duro escribir esta novela de 250 páginas?
R. La verdad es que me lo pasé muy bien. Sentía alegría, sensación de poder... También me sentí muy rejuvenecido: mi primera vocación fue ser escritor, cuando aún no había descubierto que las películas las hacía un director. Cuando la escribía no quería ponerle punto final, entregarla al editor. Pasaban las semanas y siempre encontraba un pretexto para seguir corrigiendo, o cambiar párrafos de sitio. A diferencia del cine, sólo dependes de ti mismo. No importa que llueva o granice, que el productor recorte el presupuesto o que el actor no se entienda con la actriz... Sobre todo, hoy en día las negociaciones de financiación, televisiones, ministerios, son muy largas. Me parece una tremenda pérdida de tiempo. Para mí ha sido una sensación nueva el conseguir avanzar en el trabajo sin depender de otros.
P. ¿Y no añora su primer y dilatado oficio, el cine?
R. Del cine echo de menos al equipo de rodaje, al montador, al ayudante, la script... toda esa gente que cree en la película y que se mata por ella. Hay mucha pasión en el cine. La literatura es un placer solitario. Hay que constatar que en nuestra juventud el cine nos inició en el sexo. En las novelas había amor, pero en el cine descubrimos que el verbo se hacía carne. Creo que el motivo decisivo de mi retirada de la dirección cinematográfica fue el día en el que me di cuenta de que el director que más me gustaba era Tim Burton. Me pareció que algo se me había roto por dentro: volvía a la época de los juguetes.
P. Usted afirma que su novela no lo es sobre el 11-M, pero en ella juega un papel importante y hay una notable documentación sobre las costumbres islamistas...
R. El tema de la novela es el encuentro entre desconocidos, alguno de ellos peligroso, como los amigos "malos" de Pinocho. Por ejemplo, lo que le sucede a Ángel, que, siendo adolescente, se ve metido sin querer, pero poco a poco a sabiendas, en una conspiración islamista algo cutre, pero no por ello menos criminal. Lo que allí ocurre es la fascinación de la mosca por la araña y su pánico final. Algo así es lo que se cuenta en la La isla del tesoro con los piratas. La información sobre el islamismo terrorista no me fue difícil, es bastante abundante, para mí más que suficiente. (El mejor libro que conozco es el de Manuel Marlasca y Luis Rendueles, Una historia del 11 M que no va a gustar a nadie). Lo que se me hizo más arduo fue meter los datos reales en la ficción. Fui un par de veces a Asturias, hablé, me informé. Visité Mieres, Avilés... en fin, luego, en la novela, la cosa se queda en poco, pero te da seguridad. Lo mismo en Madrid, en Fuenlabrada. El sitio de Véspero, en Asturias, está inventado. En realidad, el 11-M casi no sale en el texto, ya que no trata de eso. Sí aparece la preparación previa, las idas y venidas de Ángel con los islamistas y los vendedores de dinamita, los traficantes y los policías. El submundo. Pero el terrorismo explícito sólo es un 5% de la novela. Lo que más abunda en el texto son padres, amantes, novias, vacas, cerdos y morcillas. La vida sobre la muerte.

20 de noviembre de 2009

CRÍTICA: Devorar la vida con glotonería

Las memorias y los cuentos completos de Esther Tusquets revelan su enorme coherencia y su visión crítica de la burguesía catalana, del mundo y de muchos apriorismos establecidos.
 
Leer las primeras páginas:
Esther Tusquets
Cuando se han leído 40 o 50 páginas de Confesiones de una vieja dama indigna es inevitable la sensación de déjà vu: temas como los orígenes de Lumen, los éxitos que significaron Quino y Umberto Eco, el primer encuentro con Ana María Matute o con Miguel Delibes, Carlos Barral y tantos otros ya aparecían en su primer volumen de memorias, Confesiones de una editora poco mentirosa (RqR, 2005). La propia Esther Tusquets explica que le pidieron que ampliara ese primer libro. Lo ha hecho y de qué manera. Ha añadido toda la sal y pimienta que olvidó en el anterior y, lo que es mejor, nos permite conocer a la mujer, a la escritora y a la editora.
Esther ha repetido en diversas ocasiones que es más fácil encontrarla en sus novelas y cuentos que en unas memorias. Por eso la edición de sus cuentos completos, Carta a la madre y cuentos completos, a cargo de Fernando Valls, es una feliz coincidencia para comprender mejor a esta mujer apasionada y heterodoxa. El espléndido prólogo de Valls es un regalo para los lectores interesados. Contribuye a una visión global de la obra y de su autora.
Confesiones de una vieja dama indigna sigue la línea de Habíamos ganado la guerra, su segundo libro de memorias, y mantiene, como sucede en buena parte de su obra, el malestar de su autora respecto al entorno burgués en que nació. Dice ahora como entonces: "Me aceptaran o no en sus filas, yo pertenecía al bando que había perdido la guerra". Pensaba la autora que había escrito un libro provocativo, que iba a molestar a su familia y a provocar la ira de la burguesía barcelonesa. Aparentemente nada de eso sucedió, pero, como anécdota, en un premio literario un miembro del jurado lo rechazó de plano porque Esther tenía un pasado falangista.
Tanto en las memorias como en los cuentos completos así como en buena parte de sus novelas aparece de manera recurrente una visión crítica de la burguesía barcelonesa. Fernando Valls lo explica muy bien: "Como Juan Marsé, la autora se muestra crítica con los suyos, sin mostrarse complaciente con los desfavorecidos y perdedores". No es la única vez que compara a Tusquets con Marsé.
En Confesiones de una vieja dama indigna ocupa un lugar indiscutible la figura de la madre, tan seductora, de la que aprendió lo que aún hoy son sus aficiones preferidas: los animales, los libros, el teatro, el cine, el mar, pero por la que no se sintió querida. Crece la figura del padre, Magín Mestres. Está desde el principio hasta el final en Lumen. Cuando la pelea con Beatriz de Moura, que había entrado en Lumen de la mano de Óscar Tusquets, Esther propuso dividir la editorial, fue Magín quien lo evitó, facilitando los medios económicos para que Óscar y Beatriz montaran Tusquets Editores. El día en que Magín murió empezó el principio del fin de Lumen, que acabó vendida a una multinacional. El enfrentamiento de Esther Tusquets y Rosa Regàs, aficionada a piratear libros, según la autora, es otra de las historias que Esther se había dejado en el tintero.
En otros casos, como el de Carmen Balcells, reduce el espacio que le dedica pero afila la pluma. Le hizo grandes favores, pero también jugarretas inaceptables. Es arbitraria y le cuesta entender su código ético, escribe Esther. La autora tiene una habilidad especial para trazar retratos, algunos muy breves pero todos significativos: Ana María Matute, Nora Catelli, Miguel Delibes, Carlos Barral, Ana María y Terenci Moix, Carme Riera, Gabriel Ferrater, Jaime Salinas, Quino, Carmen Martín Gaite y tantos otros.
Quizá las mejores páginas del libro sean las dedicadas a la reflexión sobre el amor, cómo surge, cómo se acaba, pues siempre tiene fecha de caducidad. Esther, que ha "devorado la vida con glotonería, ávida de todo lo que pudiera ofrecerle", habla con maravillosa naturalidad, desparpajo incluso, de los hombres y de alguna mujer de su vida. El fotógrafo Oriol Maspons, con quien, a sus 24 años, logró por fin perder la virginidad; su primer marido, Jordi Argente, con boda por la iglesia y lista de regalos en la tienda más gauchedivinesca de Barcelona. La autora asegura que se mantuvo en las lindes de la divina izquierda, pero de su libro se desprende que las atravesó en numerosas ocasiones. Su visión es crítica. Esteban Busquets, el padre de sus hijos, con quien vivió siete años; el poeta llamado antes Pedro y ahora Pere, un ser obsesivo, que le dedicó versos que aparecen en el libro; el poeta y editor José Batlló, que llevó su colección de poesía El Bardo a Lumen, "cariñoso y autodestructivo".
Carta a la madre y cuentos completos incluye los siete cuentos de Siete miradas en un mismo paisaje; los ocho de La niña lunática y otros cinco sueltos, entre los que, sorprendentemente, aparece Epílogo triste, un artículo sobre los Maragall, narrado en tercera persona, en el que explica de forma un tanto ambigua los problemas que ella y la historiadora Mercedes Vilanova tuvieron con los Maragall a raíz de la biografía que escribieron del ex presidente catalán. Más explícita es en Confesiones de una vieja dama indigna, en la que acusa de censura moral al entorno de Pasqual Maragall.
La lectura de estos cuentos, en especial de Siete miradas en un mismo paisaje, la más autobiográfica de sus ficciones, y de Confesiones de una vieja dama indigna dan cuenta de la enorme coherencia de la escritora, de su visión crítica de la burguesía catalana, del mundo y de muchos apriorismos establecidos, contra los que se rebela. Acabada la lectura, queda la convicción de la sinceridad de Esther, de la naturalidad con que explica las cosas y, sobre todo, de lo bien que lo cuenta.

YURI HERRERA: Poderosos poetas

Las narrativas sirven para darle sentido a la historia. En México, por ejemplo, si la conquista fue una historia trágica, la independencia la contamos como una épica y el advenimiento de la democracia unas veces como comedia y otras como epopeya. Mirar nuestro devenir en términos poéticos es una manera de entender cómo nos ha pasado el tiempo y de cargar de propósitos el futuro. El éxito de un gobernante depende en buena medida de la narrativa que sepa contar a los ciudadanos. La promesa de aquel culto borracho de que sólo vendrían "sangre, sudor y lágrimas" no evitó que cayeran las bombas nazis, pero sí le dio sentido a la resistencia. Sin embargo, Churchill hay pocos. Lo que abundan son los que no saben contar su historia, tal vez porque no sienten el compromiso de explicar nada. Dentro de la clase política mexicana, el más reciente empobrecimiento de la poesía comenzó, tal vez, a fines de 2005, inmediatamente después de que la policía detuvo a una pareja de secuestradores y liberó a sus prisioneros, y el director de la Agencia Federal de Investigaciones -hoy todopoderoso director de la Secretaría de Seguridad Pública- autorizó que se devolviera a los protagonistas del hecho a la casa de seguridad donde habían ocultado a los cautivos, para que la televisión pudiera transmitir "en tiempo real" la liberación. A pesar de que el montaje fue descubierto de inmediato y de que no sólo fue criticado ferozmente sino que, a la postre, dio argumentos a los abogados defensores de los secuestradores, el uso de este tipo de ficción parece haberse vuelto una costumbre en la vida política mexicana. Es como si uno de estos poetas de gobierno hubiera tropezado con Más allá del bien y del mal y leído: "¿Por qué el mundo que nos concierne en algo no iba a ser ficción?", y entonces haya pensado no que aquello era una diatriba contra Platón, sino un programa de gobierno. Pues lo que se ha hecho recientemente, más que prefigurar poéticamente la historia que realizamos, ha sido privilegiar la ficción televisiva con la esperanza de que la realidad se ajuste a ella. No hablo sólo de ese otro caso patentemente inverosímil, el de un pastor boliviano que, hace unas semanas, secuestró un avión en Cancún con el objetivo de que sobrevolara siete veces la ciudad de México y luego le permitieran hablar con el presidente para alertarlo de que se acercan grandes catástrofes. Pronto se descubrió que ni el tipo iba armado, ni los pasajeros se enteraron de que había un problema, ni era necesario que docenas de agentes "asaltaran" el avión cuando ya había sido desalojado todo el mundo; mas para entonces ya se había transmitido en directo, desde un sitio a un centenar de metros del avión, la heroica hazaña que sucedió, cuán oportunamente, justo después del anuncio de nuevos impuestos. Hablo también de la narrativa que el gobierno se cuenta a sí mismo con una serie de gestos y declaraciones: la reinstauración del besamanos priísta el día del informe de gobierno, en Palacio Nacional, ya sin el estorbo de diputados opositores que pudieran perturbar el autoengaño; o las declaraciones de algunos secretarios de Estado, que serían risibles de no ser porque quienes las dicen actúan como si tuvieran sustento en el mundo real: "La guerra se está ganando". "La crisis económica será sólo un catarrito". "El nuevo impuesto no va a afectar a los pobres". La ficción ayuda a decir la verdad cuando desborda los clichés y las fórmulas maniqueas que hacen del mundo un lugar simple. Y sirve, si acaso -parafraseo a Harold Bloom-, para conocernos mejor a nosotros mismos, no por lo que diga, sino en virtud del ejercicio intelectual que propone al narrar complejamente la condición humana: en última instancia, hacernos responsables de nuestros horrores y virtudes. Pero responsabilidad es una palabra vedada entre los poderosos poetas. Satisfechos con su ficción televisiva, deben encerrarse en un cuarto limpio y bien iluminado en el que, mientras el país se desmorona, ellos se repiten: "Sí, todo tiene sentido".

19 de noviembre de 2009

National Book Award 2009

Los autores Colum McCann, T.J. Stiles y Keith Waldrop recibieron el National Book Award 2009, el premio nacional de la literatura de EU, en sus categorías de ficción, no ficción y poesía, en tanto que Gore Vidal recibió una medalla honoraria por su contribución al mundo de las letras de este país.
La organización informó en su página web que para elegir los premios de esta 60 edición, 193 editoriales sometieron a evaluación mil 129 libros, de los que 236 eran de ficción, 481 de no ficción, 161 de poesía y 251 de literatura infantil y juvenil.
En la categoría de ficción, Colum McCann recibió el premio de las letras estadounidenses por su “Let the Great World Spin”, siendo también finalistas Bonnie Jo Campbell (”American Salvage”), Daniyal Mueenuddin (”In Other Rooms, Other Wonders”), Jayne Anne Phillips (”Lark and Termite”) y Marcel Theroux (”Far North”).
La novela del ganador McCann, profesor en el Hunter College de Manhattan, transcurre en esta misma ciudad y según sus propias palabras, en una entrevista colgada en la página web de los premios, la escribió como “respuesta práctica” a lo que le ocurrió “después (de los ataques terroristas) del 11 de septiembre (de 2001), aunque (la obra) transcurra en 1974″.
En no ficción, el ganador fue T.J. Stiles, por la biografía titulada “The First Tycoon: The Epic Life of Cornelius Vanderbilt”, que compitió con David Carroll (”Following the Water: A Hydromancer’s Notebook”), y Sean Carroll (”Remarkable Creatures: Epic Adventures in the Search for the Origins of Species”).
El ganador del premio de poesía del National Books Awards fue Keith Waldrop, por “Transcendental Studies: A Trilogy”, y los finalistas, Rae Armantrout (”Versed”), Ann Lauterbach (”Or to Begin Again”), Carl Phillips (”Speak Low”) y Lyrae Van Clief-Stefanon (”Open Interval”).
Gore Vidal, de 84 años, recibió la medalla honoraria de la organización por su aportación a la literatura estadounidense.
En la categoría de literatura juvenil, el prestigioso galardón fue para Phillip Hoose por su “Claudette Colvin: Twice Toward Justice”.

15 de noviembre de 2009

REPORTAJE: LUCHA POR LEGADO DE KAFKA

El legado de Kafka

Traiciones, contrabandos frustrados y exitosos, amoríos ocultos, testamentos violados. Subastas que proporcionaron pingües beneficios a una mujer codiciosa, Esther Hoffe, la depositaria de los papeles ocultos de Kafka. Demandas judiciales del Estado sionista contra Hoffe, broncas a gritos en el tribunal para reclamar la entrega del preciado tesoro. Y para rematar la faena, una disputa soterrada entre Alemania e Israel por ese archivo secreto y por el manuscrito de El proceso, la emblemática novela del escritor checo. Son los ingredientes de esta historia rocambolesca, en ocasiones kafkiana, plagada de intrigas. ¿Y todo este lío, para adueñarse de qué? Ésa es la gran incógnita.
Dos ancianas israelíes, Ruth y Eva Hoffe, conocen el contenido del archivo oculto de Kafka. En estos días esperan a que la justicia israelí les permita recuperar los preciados papeles que su madre, Esther, recibió del albacea de Kafka.
Esther Hoffe, que falleció en 2007 a los 102 años, fue secretaria e íntima amiga de Max Brod, el agente literario que recopiló los manuscritos del genial escritor checo y los trasladó a Israel en su apresurada escapada de los nazis. Hoffe heredó su archivo, que incluye papeles de Kafka. Un archivo que fue vendiendo por entregas, pero cuya mayor parte está celosamente guardada en cinco cajas fuertes de un banco. Dicen que una parte estuvo durante un tiempo en la apestosa vivienda de Eva Hoffe. Bajo la ventana enrejada del apartamento 1 del número 23 de la calle de Espinosa, en Tel Aviv, lo que hay es platos repletos de comida para gatos.
El peregrinar del codiciado tesoro comienza con la muerte del enfermizo autor, el 3 de junio de 1924. Kafka dejó escrito a su gran amigo Brod: "Querido Max. Mi última petición: todo lo que dejo debe ser quemado sin ser leído...". Brod desobedeció. Una traición de la que el mundo obtuvo gran provecho. De haber cumplido el deseo póstumo, nadie habría leído nunca El proceso, El castillo o América. Publicó las obras y en 1939, cuando el Ejército de Hitler invadía Praga, el agente literario, fervoroso sionista, emigró a Tel Aviv. En la ciudad mediterránea falleció su esposa, en 1942, y a partir de ese instante entra en escena Esther Hoffe para convertirse en la más dura guardiana de los papeles. Desde entonces, sólo algún investigador tuvo acceso a los documentos. Y a veces con nocturnidad, porque Brod tenía que eludir la vigilancia de Esther.
El legado de Kafka comenzó a desmembrarse paulatinamente en vida de Brod, que al menos se preocupaba por su conservación. En 1956 envió a Suiza los manuscritos de las tres famosas novelas: la guerra -la campaña de Suez- amenazaba con extenderse por Oriente Próximo. Años más tarde, los manuscritos de América y de El castillo viajarían, donados, a la Universidad de Oxford. Allí permanecen hoy por hoy. Sin embargo, El proceso siguió bajo su custodia hasta su muerte, en 1968. Es ésta la fecha en que arranca el incesante trasiego y mercadeo de los papeles de Kafka.
Por mucho que el testamento de Brod permitiera a Esther Hoffe gestionar los documentos del difunto y de Kafka, una precisión era explícita: los papeles debían ser entregados "a la Biblioteca Nacional de Jerusalén, a la Biblioteca Municipal de Tel Aviv o a otro archivo público en Israel o en el extranjero". Los alemanes sostienen que tanto Brod como Hoffe mencionaron el Archivo de Literatura Alemana de Marbach como uno de los destinos para los papeles.
Al pasar de Brod a Hoffe, el preciado patrimonio deja de estar en manos de un hombre erudito para convertirse en potencial negocio para la ambiciosa Hoffe. Los documentos comienzan a ser vendidos al mejor postor. "Durante años, cartas del legado de Brod aparecen en subastas en Europa. La identidad del vendedor, como es costumbre, no es revelada, pero las evidencias apuntan a Esther Hoffe", asegura Ofer Aderet, el periodista de Haaretz que persigue el rastro de ese patrimonio cultural. Las últimas evidencias del desmembramiento: en 2006 se subasta una carta de Kafka a Brod por 60.000 euros; en 2008, cartas de amor del escritor checo se venden por 25.000 euros.
Las trampas de Hoffe no eran cosa nueva. En 1974, fue pillada in fraganti en el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv cuando intentaba volar a Suiza con manuscritos de Brod y correspondencia del venerado escritor checo. El desprecio a la legalidad ha sido nota distintiva de Esther. La Ley de Archivos del Estado prohíbe el contrabando de documentos valiosos sin depositar previamente una copia. Hoffe y las autoridades israelíes llegaron a un acuerdo para fotocopiar el legado, pero la mujer nunca cumplió su compromiso y sólo una pequeña porción fue fotocopiada. También se las apañó para violar, en la década de los ochenta, el pacto que suscribió para traspasar el tesoro de Brod a la Biblioteca Nacional.
Esther Hoffe se hizo rica. La joya más preciada de la herencia, el original de El proceso, reposa hoy en el Archivo de Literatura Alemana de Marbach. Batió el récord mundial del precio abonado en una puja por un manuscrito: Sotheby's lo adjudicó por 1,98 millones de dólares (1,32 millones de euros) en 1998.
Las peripecias y los detalles del legado se van conociendo poco a poco, después de que el diario Haaretz lograra que se levantara la censura que se impone sobre tantos asuntos en Israel. Así rezaba el testamento de Esther, redactado en 1970: "Los borradores, las cartas y los dibujos de Kafka que me fueron donados por Max Brod los cedí a mis dos hijas en porciones iguales. Los libros de Kafka de la biblioteca de Brod permanecen en posesión de mis dos hijas. Cada una de mis hijas y mis nietas tienen derecho a recibir 40 cartas del legado de Brod".
No parece que vaya a ser así. Un tribunal de Tel Aviv congeló a finales de octubre millonarias cuentas corrientes de las Hoffe y ordenó la entrega de las llaves de las cinco cajas fuertes bancarias. Allí se conserva el legado para los albaceas que designe la justicia. "El testamento de Esther", apunta Oderet, "es ilegal porque no podía legar a sus hijas los documentos, ya que incumplió la voluntad de Brod de donarlos a una institución pública".
¿Cuál es el contenido del patrimonio? Nurit Pagi está escribiendo una tesis doctoral sobre el legado del agente literario checo. "Brod", explica a este diario, "era un escritor obsesivo. Siempre escribió un diario, por lo que supongo que en ese archivo se pueden hallar los diarios que comenzó al menos desde 1939, el año en que emigró a Palestina, si no antes. Podremos encontrar correspondencia de personalidades bien conocidas de la cultura de su época y notas sobre sus proyectos nunca realizados. Estoy segura de que en la maleta que se llevó desde Praga conservó dibujos de Kafka, sus trabajos literarios originales, cartas y quizá esquemas preliminares de sus futuras novelas".
Desde Praga, el profesor Josep Cermak, gran experto checo en Kafka, considera que lo más importante es poner a disposición de los estudiosos esos diarios de Brod. "Aportarán información sobre principios del siglo pasado, la época de Kafka en la que hay más lagunas", explica. Brod y Kafka tuvieron una relación muy honesta, cuenta. Y asegura que esos diarios y esa correspondencia secreta desvelarán nuevos detalles de la "vida erótica" de ambos personajes. Ulrich von Büllow, jefe de departamento del Archivo de Literatura Alemana de Marbach, señala que es posible que también haya fotografías del escritor checo. Y debe de estar, según cuenta en conversación telefónica, el manuscrito de una de las novelas inacabadas de Kafka, Preparativos de una boda en el campo. "La familia Hoffe dispone de grandes tesoros", resume Cermak, que lleva 45 años estudiando al autor de La metamorfosis.
El contenido del legado de Brod podría haberse conocido si Esther Hoffe hubiera cumplido su acuerdo con una editorial suiza, a la que estafó, en la década de los ochenta. La empresa pagó una suma millonaria por los diarios de Brod. Esther jamás los entregó.
El serial sobre el destino final del legado de Brod se complica ahora por la disputa entre instituciones israelíes y alemanas por el manuscrito de El proceso, que el Archivo de Marbach adquirió en Sotheby's en 1988. Meir Heller, abogado de la Biblioteca Nacional de Israel, defiende el retorno a Jerusalén del texto original. "La Biblioteca Nacional no ignora el hecho de que el Archivo de Marbach debería ser compensado por el dinero que pagó a Hoffe", afirma Heller, que considera la dispersión de la obra de Kafka un "error histórico". "La Biblioteca Nacional de Israel, que es también la biblioteca del pueblo judío, entiende que Brod pide en su testamento que los documentos deberían depositarse en un archivo público, y el nombre de la Biblioteca Nacional es su primera opción", añade el letrado. Heller explica haber llegado a un pacto de silencio con las autoridades alemanas para no perjudicar la negociación.
El enfrentamiento entre ambas instituciones se suavizó el pasado 22 de octubre, cuando Ulrich Raulff, director del Archivo de Literatura Alemana de Marbach, dirigió una carta a su homólogo en la Biblioteca Nacional Israelí para abrir la puerta al diálogo. En su respuesta del 28 de octubre, el israelí Shmuel Har Noy se alegraba de que los alemanes acepten el veredicto de la justicia israelí y estuvieran dispuestos a dialogar "en vez de que el asunto sea resuelto en los medios", según reza textualmente esa carta, a la que ha tenido acceso EL PAÍS.
El periodista Ofer Oderet intenta explicar la posición de la parte israelí: "La Biblioteca Nacional considera que Brod era judío y sionista, y que si no hubiera emigrado a Israel habría sido trasladado a Auschwitz. Es un escritor judío que escapó del Holocausto, por eso lo consideran parte de la cultura judía. En su opinión, no es un escritor alemán, sino israelí. Éste es un argumento moral, no legal. La Biblioteca también estima que Brod designó en primer lugar Jerusalén como destino de la obra de Kafka; después, Tel Aviv, y en tercer lugar, un archivo público en el extranjero, y alega que es ilegal traficar con documentos de gran significado para el pueblo judío o el Estado de Israel".
Los alemanes reclaman que Brod y Kafka escribían en alemán, y no en hebreo, que son parte de la cultura alemana, no de la hebrea. Ulrich Raulff, director del Archivo de Marbach, considerado el más importante de Europa central, lo tiene muy claro: "No hay posibilidad alguna de que devolvamos el manuscrito de El proceso", afirma en conversación telefónica desde Marbach. Considera que la compra del original en la subasta de Sotheby's no pudo ser más transparente. "El manuscrito estuvo expuesto durante semanas, hicimos una compra ante los ojos de la opinión pública mundial. Si nadie discutió la legitimidad de aquella compra entonces, no comprendo por qué se cuestiona ahora". Raulff considera que Esther Hoffe, como legítima propietaria del legado, tenía derecho a vender el manuscrito. En términos legales, estima que aquella operación fue nítida. "La parte israelí a veces confunde los términos legales de esta cuestión con el aspecto moral o histórico". Otra cosa es la cuestión del legado de Max Brod, cuyo control las hermanas Hoffe esperan recobrar en cuanto se produzca el fallo de la justicia israelí. En este campo, Ulrich Raulff se muestra flexible. "Creemos en la independencia de los tribunales israelíes. Si aceptan que las hermanas Hoffe puedan disponer del legado y ellas nos lo quieren vender, estaremos en disposición de comprar".
Las hermanas Hoffe tienen una relación muy fluida con Marbach. Suele ser Eva la que habla con Raulff. "Hablé hace poco con ella. Creo que las hermanas estarían dispuestas a vendernos los papeles, y nosotros aceptaríamos que se entregaran copias a la Biblioteca Nacional israelí".
El jefe del archivo en Marbach, Ulrich von Bülow, destaca que están interesados en todos los papeles que hay de Kafka a lo largo y ancho del mundo. "Pero no para quedarnos mirándolos. Para que investigadores y estudiosos los puedan consultar", puntualiza. En este sentido, Cermak, el experto checo que publicó esta misma semana La lucha que supone escribir, su cuarto libro sobre Kafka, considera que el archivo alemán es un destino excelente para los archivos de Brod y Kafka: "Como profesional, creo que deben estar en los mejores archivos. Y Marbach es el mejor archivo de Europa central. El mejor y el más rico: son capaces de comprar a precios muy altos".
Marbach posee 1.200 legados de literatura en alemán del siglo XX. Es el segundo archivo que más documentos de Kafka posee tras la biblioteca Bodleiana de Oxford.
Marieta Malisova, directora de la Franz Kafka Society, confiesa desde Praga que a ella le gustaría que los papeles estuvieran allí: "Él pasó toda su vida en Praga. Lo mejor sería que los papeles volvieran aquí".
Sospechan los expertos que los documentos pueden haber sido dañados. Es posible que durante largo tiempo hayan sufrido condiciones pésimas de conservación. Los gatos siguen acudiendo puntuales a su cita en el apartamento de Eva Hoffe, que llena religiosamente sus platos de comida. Ésa es una de las obsesiones de esta mujer. Otra: el celo por esconder los documentos y sacar tajada. Sus vecinos ni siquiera saben si reside en esa vivienda. "Sólo viene a dar de comer a los gatos", comenta escueto el anciano Dov Avner, que se lleva una mano a la nariz. "Nos mantenemos alejados de ella. Nos crea muchos problemas. La odio", comenta otro hombre que reside en el inmueble desde hace 40 años.
"Existe el riesgo de que desaparezca el legado de Kafka", concluye Aderet. "Se ignora si Eva Hoffe posee los papeles y en qué estado se hallan. Es importante que se conserven en un archivo público. No importa que sea en Alemania".
El culebrón de los papeles secretos de Kafka sigue vivo. Para enero se espera una resolución de la justicia israelí que desatasque la situación. Entonces se empezará a conocer el contenido de ese tesoro que vive atrapado en un proceso kafkiano.

14 de noviembre de 2009

Carlos Fuentes anticipa en la Feria del Libro el lanzamiento de su nueva novela

El reconocido escritor mexicano y gran estrella de esta cita literaria, realizará este sábado la presentación de "Adán en Edén", en lo que será el lanzamiento mundial del libro.
Emol
Jueves 12 de Noviembre de 2009 17:23
El escritor, quien vivió en Chile en su juventud, estará cuatro días en Santiago, para presentar su novela y reunirse con algunos amigos.
Foto: EFE
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SANTIAGO.- Nuestra Feria del Libro no es la de Guadalajara, Buenos Aires o Frankfurt, entre otras citas literarias de renombre cuyos entretelones se siguen en distintos lugares del mundo. Sin embargo, por estos días el evento de Estación Mapocho está siendo comentado con recurrencia fuera de nuestras fronteras.

¿La razón? La presentación que este sábado realizará el laureado escritor mexicano Carlos Fuentes de su nueva novela, "Adán en edén" (Alfaguara), en lo que constituirá el lanzamiento mundial del libro.

Fuentes, quien vive entre su país natal y Londres, es uno de los últimos autores del llamado "boom" latinoamericano, y este año incluso figuró en el "top ten" de las casas de apuestas entre los escritores aspirantes al Premio Nobel de Literatura.

Por eso la publicación de su nueva novela es tema de interés internacional, lo que se acentúa en la temática vinculada al narcotráfico en que Fuentes decidió embarcarse en esta ocasión.

En "Adán en Edén", un hombre de origen popular casado con una hija de millonario y ex reina de belleza expone lo peor de su naturaleza, hoy transformado en un próspero, famoso, arribista y déspota empresario.

El sujeto se llama Adán Gorozpe, y tiene un tocayo al que desprecia, pero con el que se alía: Adán Góngora. Se trata del mismísimo ministro de Seguridad Nacional, un hombre coludido con los peores criminales y traficantes para hacer de su trabajo un circo, en que el resultado lo alza como gran garante de la justicia.

¿Y cuál es la alianza entre ambos? Tratar de conquistar la presidencia del país.

El relato de Fuentes mantiene niveles permanentes de un ácido humor, que complementa una historia que transita entre lo risible, y lo grotesco y chocante.

La presentación en la Feria del Libro se realizará a las 18:30 horas del sábado en la Sala de las Artes de la Estación Mapocho, la más grande del viejo terminal de ferrocarriles. En la ocasión estará presente el propio escritor mexicano —quien tiene fuertes lazos con Chile—, mientras que la presentación misma estará a cargo del novelista chileno Arturo Fontaine.

Luego de eso, el mexicano —quien arribó ayer al país y ha aprovechado de reunirse con algunos de los amigos que aquí mantiene— firmará libros a los presentes. Su avión de regreso despega al mediodía del domingo.

Carlos Fuentes en Filsa: No está en mis planes leer a Bolaño en el corto plazo

SANTIAGO.- El escritor mexicano Carlos Fuentes afirmó que no está entre sus planes a corto plazo el leer al fallecido escritor chileno Roberto Bolaño, ya que no quiere contagiarse del "homenaje fúnebre" que hay en torno a su figura.

En la presentación de su nuevo libro "Adán en Edén", el escritor mexicano dijo no querer contagiarse del homenaje fúnebre que hay en torno del escritor.

"No lo he leído todavía porque siento que en torno a Bolaño hay una especie de homenaje fúnebre, no me gusta, y voy a esperar unos cuantos años para leerlo seriamente, como un escritor vivo", indicó el mexicano en declaraciones a radio Cooperativa.

En su opinión, el contexto actual sólo contribuye a "desvirtuar la obra del escritor".

"Siento que no puedo acercarme porque están sonando, estoy viendo los crespones todo el tiempo, me obligan a verlos no, y yo quiero ver a Bolaño como un escritor vivo," sostuvo Fuentes que hoy presentó en la Feria Internacional del Libro en Santiago, su última novela "Adán en Edén".

Fuentes dijo que "Adán en Edén" es una novela calificada por el autor como una novela-reportaje, muy periodística, que relata cómo un país está siendo minado por narcotraficantes y por formas diversas de corrupción.

Microrrelatos: 'Cortocuentos' en 4 viñetas



A mitad de camino entre los microrrelatos, la poesía y los cuentos infantiles para todas las edades se encuentra 'Cortocuentos', un cómic con historias de tan sólo cuatro frases y cuatro viñetas -una de cada por página- pero con la posibilidad de múltiples lecturas.
"Se puede leer rápido o no. Letra tiene poca pero te puedes parar en cada viñeta durante mucho tiempo mirando los detalles y sacar una segunda y una tercera lectura", señaló Borja Crespo (Bilbao, 1972), creador de las historias, durante la presentación del libro en el ciclo sobre cómics que organiza la Fnac de Callao hasta mediados de diciembre y por el que desfiló el maestro Moebius la semana anterior.
Los microrrelatos no se desarrollan mediante la estructura tradicional de planteamiento, nudo y desenlace sino que juegan con las interpretaciones abiertas. "Cada historia tiene una especie de metáfora o moraleja pero sin final cerrado. Cada persona puede ampliarla si quiere", ha explicado Crespo. Unas, dijo, acaban "con humor negro", otras parecen un "chiste" y en otros casos es "como una patada".
Aunque el autor es también ilustrador, los dibujos han sido creados por Chema García (Granada, 1973), que ha realizado un trabajo en el que para cada 'cortocuento' el estilo cambia notablemente. "Hacerlo todo de la misma forma siempre es muy aburrido", afirmó el dibujante de la obra. "[Cada cuento] parece dibujado por una persona diferente", añadió Crespo, que recogía así una idea que ya viene apuntada por Joaquín Reyes -humorista de Muchachada Nui y también ilustrador- en el prólogo del libro.
Las ilustraciones se adecuan al tono de cada cuento y viajan entre polos que podían considerarse antagónicos: desde lo naíf a lo tétrico. En otros, un dibujo muy colorido acompaña a una historia oscura.
Portada de 'Cortocuentos'.
Portada de 'Cortocuentos'.
Durante el proceso de creación del cómic, que duró cerca de un año, Crespo ha reconocido que su compañero fue introduciendo nuevas ideas a las historias, lo que, probablemente, ha contribuido a crear una homogeneidad en la que resulta prácticamente imaginarse los textos sin el acompañamiento de las ilustraciones.
"Chema dibuja caóticamente y luego le tengo que cortar". Aunque el planteamiento inicial de los autores era un libro de unas 200 páginas, finalmente, por recomendación de la editorial, Astiberri, el cómic se ha recortado a unas 120. "Ha sido un acierto y si la cosa sale bien, ya tenemos material para una segunda parte de cortocuentos".
Un género difícil, precisamente por la dificultad de intentar decir mucho con pocas palabras, pero que en ocasiones ha dado lugar a composiciones míticas. Ahí está, por ejemplo, uno de los cuentos minúsculos más famosos de todos los tiempos: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí", de Augusto Monterroso.